Akademeia
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Entrando en Midgar

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Entrando en Midgar

Mensaje por AdminX el Mar Mar 31, 2009 2:07 pm

Dia 1
9.00 am
--------------------


Os encontrais en un barco bastante lujoso para 4 personas. En el centor una mesa con documentos sobre la misión. Un mapa, unos archivos de personas y un detalle de la misión.

En el mapa podeis observar que antes de llegar a Midgar el barco os dejará en una playa, a dos horas a pié de la ciudad.

Luego los archivos tienen a cuatro usuarios que la resistencia pone bajo vuestro mando.
Spoiler:

Rony
PV: 100
PM: 200
Ataques: Atacar, Defender, Carta Espino, Carta Bloqueo, Carta Llama, Carta de poder, Trance A

Gilda
PV: 160
PM: 170
Ataques: Atacar, Defender, Puño airoso, Golpe Duro, Trance A, Contraataque

Blank
PV: 200
PM: 200
Ataques: Atacar, Defender, Trance A, Corte profundo, Espiral mágica, Rompe brazo, Asalto en Carga

Celest
PV: 160
PM: 400
Ataques: Atacar, Defender, Trance A, Cura, Escudo, Coraza, Tiniebla, Cura+, Sanctus


Bajo esto un detalle de la misión.
Spoiler:

Nos encontramos en el Sector 8, bajo la Alcantarilla que pone "Cerrado por Reformas" abajo tendreis que teclear la palabra LOCKHEART y estareis dentro.
La misión que queremos que ejecuteis es dificil, lo sé, pero me temo que los de Shin-Ra han descubierto nuestra posición. Nos hemos mudado a un bunker de emergencia bajo el alcantarillado. Pero no sé cuanto aguantará. Escuchamos que Zack Fair iba a liderar a un grupo de reconocimiento por los Suburbios de Soldados de tercera y Segunda clase, es por ello que cuento con que contengais el ataque y nos deis tiempo para poder scara todas las cajas de información al Barco.

Una vez tengamos el barco volador cargado huid como podais, os dejaremos en Akademeia.

Un Saludo, Marlenne.


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--------------------------------------
Orden de Turnos:
Daedalus
Sakima
Daedalus
Sakima
Admin
------------------------------------
Usad este esquema para poneros de acuerdo en todo antes de actuar.
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Debeis repartiros los mimebros de Alud, los controlareis en el combate, ahora describid hasta que hablais y llegais a la cala donde amablemente os dejan en mitad de la arena.
-------------------------------------

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AdminX
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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Daedalus el Jue Abr 02, 2009 9:32 pm

Daedalus se acercó raudo hacia ella, colgando su pesado espadón en su propia espalda mientras no se detuvo ni un solo segundo. Llegó hasta su posición y se agachó en el suelo, hincando su rodilla derecha en la tierra mientras con la mano derecha acarició el suave rostro de Sakima, quien yacía inconsciente en el suelo con los ojos cerrados.
La herida de su torso aun tenía mala pinta, así cómo otra serie de heridas menos graves que decoraban su precioso y perfecto cuerpo. Una leve y tenue respiración se percibía en ella, lo cual era una buena señal, mientras Daedalus retiró los mechones de cabello de su rostro… de su bello y precioso rostro.

- No te preocupes, todo irá bien -. Dijo él mientras alzaba su mano izquierda en alto.

Cómo absorbiendo la luz a su alrededor al tiempo que cerraba la mano alzada, acumuló cierta cantidad de luz en su puño, dándole forma a su deseo. Se acercó el puño a su propio rostro, dentro del cual podía percibirse cómo había algo luminoso y brillante encerrado. Sopló a su propia mano, tal cual haría un mago de espectáculo, y tras abrir el puño pudo verse cómo varias mariposas salían de él y se posaban sobre las heridas de Sakima, hechas de pura e incandescente luz, se deshicieron sobre las heridas, haciendo que estas se regenerasen un poco, lo suficiente cómo para restar bastante gravedad a su estado.

De forma cuidadosa y delicada, se agachó un poco más para poder coger el cuerpo inconsciente de Sakima y alzarla en brazos contra él, protegiéndola contra si mismo. Después, simplemente echó a andar para salir de aquel lugar junto a ella e ir a un lugar seguro.


Varios minutos después llegó a la enfermería de Akademeia, donde tras saludar a una de las enfermeras, sin necesidad de decir nada ella misma se dio cuenta de la situación y le indicó adonde debía pasar.
El joven pasó al interior de una habitación individual, donde con máximo cuidado dejó a Sakima sobre la cama. La enfermera le pidió que saliese durante unos minutos mientras ella se ocupaba de terminar de preparar sus heridas y curarla adecuadamente. Tras asentir, Daedalus salió de la habitación.

Aprovechó el tiempo para tratar un poco sus propias heridas.
Su brazo izquierdo estaba repleto de heridas de todos los tamaños y aun le quedaban algunas gruesas astillas clavadas en la piel. Con un paño mojado se fue limpiando la sangre del cuerpo, así cómo vendar las heridas más importantes que tenía y asearse después en un baño de la enfermería.
Tras terminar, comprobó cómo la enfermera aun no había terminado, por lo que aprovechó para salir de allí e ir rápidamente a su habitación, donde cogió algo de ropa limpia, cambiarse, y después volver de nuevo a la enfermería.

Nada más llegar vio cómo la enfermera salía del cuarto, indicándole que si quería ya podía pasar dentro. Daedalus asintió, sin siquiera pensarlo, y entró en la habitación de Sakima.
Se encontraba sobre la cama, con todas las heridas perfectamente tratadas y vendadas, así cómo vestida con ropa de enfermería que aquella mujer debió de habérsela puesto. Las ropas rasgadas de ella se encontraban en un lado del cuarto, sobre una mesilla; encima de ella sus guantes reposaban llamando especialmente la atención sobre lo demás.

Daedalus cogió una silla y se sentó al lado de la cama donde Sakima reposaba tranquila. Le hubiese encantado sentarse junto a ella, incluso tumbarse y abrazarla, pero era consciente de que tenía que descansar y que lo mejor era dejarla tranquila hasta que estuviese recuperada.
Con un gesto casi inconsciente, Daedalus cogió la mano izquierda de Sakima, entre las dos suyas, acariciándosela con absoluto cariño y amor, mientras la miraba a ella, sin poder apartar la vista de su rostro.
El paladín estaba algo serio, mientras sus manos acariciaban la piel de la joven suave y calmadamente

- No deberías haberte esforzado tanto… -. Dijo él. Sabía que estaría bien, pero prefería que no hubiese caído inconsciente del agotamiento.

Varios golpes tocaron en la puerta del cuarto, indicando la llamada antes de pasar adentro. La puerta se abrió y entró un hombre con un uniforme dentro del cuarto, ropaje que lo identificaba cómo un directivo de la academia.
Consigo llevaba una carpeta negra con varios informes en su interior junto a una expresión tranquila. Se acercó hacia la cama, quedándose a los pies de la misma y dedicando unos segundos a observar el estado inconsciente de la monje; después se fijó en Daedalus, sonriendo levemente de medio lado.

- Os estaba buscando, a ambos. Hay órdenes -. Dijo aquel hombre, mientras tendía aquella negra carpeta hacia Daedalus.

El joven alzó el brazo y cogió la carpeta, con gesto algo serio, para después posarla sobre sus piernas y abrirla. En su interior había bastantes folios con información densa, algunas fotos y mapas. En una primera pasada le llamó la atención una palabra.

- ¿Midgar? -. Dijo Daedalus, alzando un momento la mirada de los papeles para dirigirla hacia aquel hombre.

El directivo asintió con la cabeza mientras miraba un momento la hora en su reloj de pulsera. Después volvió a mirar a la joven, mostrando un descontento gesto con el rostro al contemplar una vez más cómo se encontraba.

- Espero que se recupere pronto, no tenéis mucho tiempo -. Añadió el hombre, soltando un leve suspiro.

Daedalus entrecerró un poco la mirada, en gesto algo descontento, mientras cambiaba su mirada hacia Sakima y se quedaba unos instantes observándola, pidiendo que simplemente abriese los ojos y pudiese de nuevo escuchar su preciosa y melodiosa voz una vez más.

- Lo siento, pero esperaré lo que ella necesite, ni más ni menos -. Contestó Daedalus con actitud determinante

El hombre mostró otro gesto irónico de descontento.

[. . .]


No sabía cuanto tiempo había pasado, pero Daedalus aun continuaba en la enfermería, esperando a que Sakima abriese los ojos de nuevo.

Sus heridas habían mejorado mucho gracias a los cuidados que tenía y en ese aspecto se encontraba casi recuperada por completo. Las enfermeras dijeron ya que no tardaría en despertarse dentro de poco, lo que hacía al joven estar aun más expectante del momento en el que el mundo volviese a ver sus maravillosos ojos de nuevo y se embelesase de ellos.


Finalmente… los zafiros más preciosos de la naturaleza volvieron a ver la luz.

Daedalus se levantó de la silla, quedándose en pie, algo apoyado sobre la cama, mientras la miraba preocupado únicamente queriendo escuchar que ella se encontrase bien. Dulce y cariñosamente, acarició el rostro de Sakima mientras ella aun se despertaba de su letargo, sin dejar de mirarla fija y embelesadamente a sus únicos ojos.

- ¿Estás mejor Sakima? No sé si el entrenamiento fue tan buena idea después de todo… siento mucho que tuviese que acabar así -. Dijo él, preocupado por ella.

Se sentó sobre la cama, al lado de ella, mientras aun acariciaba una de sus manos y no dejaba jamás de mirarla a los ojos. Después, suspiró apesadumbrado recordando lo que tenía que decirle; lo único que deseaba era quedarse allí con ella. De alguna forma habían intercambiado los papeles, parecía aquel día que se conocieron, cuando Daedalus estaba tumbado en la cama de la enfermería y ella entró por la puerta.
Ahora era al revés… pero por desgracia no podrían repetir aquel mágico día de entonces.

- Tengo una noticia que darte… -. Comenzó diciendo él, buscando las palabras, mientras se giró un momento y cogió la carpeta negra que anteriormente aquel hombre le había dado – Nos han asignado una misión, a los dos. Tendríamos que haber salido ya, por lo que ya vamos con retraso, pero no tiene importancia, esperaremos lo que tú necesites -. Añadió él, de forma sincera, sin importante cualquier repercusión, tan sólo deseando que ella estuviese bien.

Se inclinó un poco sobre ella, dándole un dulce beso sobre la frente, mientras acariciaba su suave y sedoso cabello. Después le acercó la carpeta con la información de la misión, dejándola sobre sus piernas delicadamente, quedándose él sentado junto a ella, pegado a su cuerpo pero sin llegar a resultar molesto o incómodo.

- Tenemos que ir a Midgar, en ayuda de unos miembros de A.L.U.D. que han solicitado SeeDs para retener un ataque que se avecina sobre ellos, al parecer han debido de ser descubiertos por SOLDADO y un ataque contra ellos es inminente -. Explicó Daedalus tranquilamente, sin entrar demasiado en detalles – Iremos los dos juntos, nuestra misión es ayudarlos y protegerlos del ataque cómo sea… En esta carpeta están todos los detalles de la misión -. Añadió, especificando el cometido que los ocupaba.

Después suspiró un poco, mientras inconscientemente se pegaba un poco más a ella, simplemente necesitándola más que cualquier otra cosa en toda su vida. Todo cuanto necesitaba era verla, ver que estaba bien… y sentir en su alma una de sus maravillosas y divinas sonrisas.

- Me alegra mucho que te hayas despertado ya… -. Añadió, cambiando de tema y dejando escapar sus sentimientos.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Sakima el Jue Abr 02, 2009 11:40 pm

Cuando caí al suelo de puro agotamiento, lo último que recuerdo haber visto fue la silueta de Daedalus corriendo hacia mí. Me esforcé por mantener los ojos abiertos, pero mi inconsciencia podía más que yo y los fui cerrando lentamente, como si un profundo sueño me invadiera.

Aquel ataque de los rayos que me había hecho habiendo recibido las heridas que había recibido, y habiendo tenido tal pérdida de sangre por el tajo en el pecho, fue casi mortal. Otra persona no lo hubiera soportado, pero yo sabía que Daedalus era incapaz de dejarme al borde de la muerte.
Odiaba aquel ataque, lo odiaba a muerte, lo aborrecía hasta el nivel más máximo. De tres veces que me lo había hecho, sólo pude esquivarlo una sola vez. La próxima vez trataría de ser más rápida… porque daba por seguro que éste no sería ni el primer, ni el último combate que haríamos él y yo.

Pero al menos, esta primera vez me había enseñado muchísimas cosas, más de las que hube pensado en un principio. Porque en él había descubierto mis fallos, y ahora sabía cómo corregirlos. Algo de mucho más provecho que simplemente una persona que jamás se ha equivocado en su vida… hasta que llega el momento de cometer errores en una situación importante, sin saber qué hacer al respecto.
O eso pensaba. Desde muy pequeña me había guiado siempre de las enseñanzas de mi maestro, y una de las muchas frases que me decía era que la perfección no nace, se crea… antes de ganar a nadie, gánate a ti misma. Y el combate con Daedalus me había ayudado a estar cada vez más cerca de aprender a pasar por encima de mis puntos débiles.


[ . . . ]



Voces.

Voces distorsionadas, susurros, palabras ininteligibles. Eran dos hombres. Una voz no la había escuchado nunca, la otra se me hacía muy dulce, así que presté atención a la segunda. No la reconocía, pero me gustaba. Hablaban entre sí, pero no podía entenderles. ¿Dónde estaban? ¿Dónde estaba yo? ¿Por qué estaba todo tan oscuro? ¿Por qué no podía sentir nada?
Contraje el entrecejo un poco, de manera casi imperceptible. Moví los ojos bajo los párpados, pero no fui capaz de abrirlos. Las voces iban desapareciendo, y me pareció escuchar que alguien cerraba una puerta.

También escuché varias voces que reconocí como femeninas. ¿Quiénes eran? No tenía ni idea. Pero me alegré al saber que la voz dulce se había quedado conmigo. Algunas veces la escuchaba sólo a ella, y en lo más profundo de mi oscuridad, deseaba que siguiera hablando. A pesar de no poder distinguir ninguna palabra, me tranquilizaba y me recordaba que no estaba sola.
Me asustaba cuando había silencio, ya que me preguntaba si estaría muerta o no, o llegaría a despertar algún día. Suplicaba que apareciese aquella voz, pero a veces tardaba demasiado y contraía la cara como quien está teniendo una pesadilla. Y cuando pensaba que la oscuridad volvía a dejarme sola, la dulce voz volvía a hablarme, e interiormente sonreía aliviada.

Poco a poco los sonidos empezaban a hacerse más claros. Las voces femeninas seguían apareciendo. ¿Qué hacéis? ¿Por qué no me despertáis?
Cuando las voces femeninas desaparecieron, reconocí la voz de Daedalus, y quise llamarle, pero aún era incapaz de abrir los ojos. Se parecía mucho a la dulce voz que me había estado acompañando durante no sé cuánto tiempo. ¿Sería la misma? No lo sabía, apenas podía recordar nada. Tal vez sólo fuera producto de mi imaginación, como un sueño difuminado que se borra a los pocos segundos de abrir los ojos.

Entonces, la claridad se coló por debajo de mis párpados. Los moví de un lado a otro, y finalmente apareció una rendija de luz que cruzó mi oscuridad como una línea horizontal que cada vez se hacía más grande.
Daedalus estaba allí, sentado a mi lado. Me quedé mirándole, en silencio. Quise alzar la mano para tocarle el rostro, pero me di cuenta que él mismo ya la sostenía entre las suyas.

- Hola… –dije con un hilo de voz muy suave, sonriéndole un poco, mientras noté que me miraba con preocupación. Entonces sus palabras me hicieron recordar el motivo de porqué estaba ahí. Posiblemente hubiera caído inconsciente en el combate- El entrenamiento fue una buenísima idea, no te preocupes –dije sinceramente, negando toda posibilidad de que me arrepentía de haberlo hecho. Para nada-

Suspiré y traté de mentalizarme y recordar dónde estaba cada parte de mi cuerpo. Moví los dedos de los pies… bien, aún seguían ahí. También moví los dedos de las manos, al parecer todo seguía en su sitio. Sólo me había despertado de un profundo sueño, y por el lugar en donde me encontraba, suponía que era la enfermería. El lugar donde nos habíamos conocido.

Entonces ladeé la cabeza un poco en su dirección cuando dijo que tenía algo que decirme. La curiosidad se convirtió en sorpresa, y la sorpresa en excitación cuando me informó que nos habían mandado nuestra primera misión como SeeDs… y además la haríamos juntos.
Sin embargo, aquella excitación se transformó en duda, y luego en incertidumbre cuando me resumió el destino y el objetivo.

- SOLDADO… -murmuré para mi misma-

Torcí la cabeza hacia el otro lado, pero no para evitar a Daedalus, sino para quedarme con los ojos fijos en la ventana, mirando a un punto muerto de ésta, como si pretendiera ver algo a través de ella. Mi rostro se quedó serio de repente.
¿Tendríamos que pelear contra SOLDADO? ¿Ir a Midgar?

Según me había dicho mi madre, mi padre era un joven SOLDADO de Midgar. No tenía más datos, ni siquiera su nombre, excepto su pelo color azabache y el color de ojos completamente azules y repletos de energía Mako, ojos que yo había heredado, aparte de ser la única de mi familia capacitada para pelear.
No sabía ni siquiera si aún estaba vivo. Diecisiete años son muchos para que una persona cambie, e incluso para que un SOLDADO como era él, muera en combate. Y aparte de todo… no me reconocería. Si aún vivía, no tenía ni idea de que en alguna parte del mundo tenía una hija adolescente.

¿Qué debería hacer? Siempre había tenido curiosidad por encontrarle algún día, pero nunca me había calentado la cabeza en iniciar su busca, también porque era muy peligroso ir yo sola… y ahora que se me planteaba la posibilidad, no estaba segura. ¿Encontraría alguna pista?
Aparte de todo, ¿qué pasaría si uno de los SOLDADOS con los que me tocaba enfrentarme, fuera él? No quería ni pensarlo. No quería cagarla en mi primera misión, así que dejaría a un lado todo lo que tuviera en referencia a él, y me centraría junto con Daedalus en detener el ataque hacia aquel grupito de la resistencia.
Sólo rezaba por no ser la culpable de matar a mi propio padre sin saberlo, si es que seguía aún en SOLDADO.

- Pues será mejor que salgamos cuanto antes, no quiero retrasar más de lo que he retrasado ya –comenté, mientras trataba de incorporarme- Tranquilo, estoy bien. Creo que puedo moverme por mí misma, sólo siento el cuerpo algo resentido de estar tanto tiempo en la misma posición –sonreí agradecida a Daedalus cuando dudó si sería buena idea el levantarme, y tan caballerosamente como siempre, se ofreció a ayudarme, pero quería intentarlo por mi misma-

Logré sentarme en la cama, y luego apoyar las plantas de los pies en el suelo. Observé que me habían puesto una especie de ropa médica, y antes de levantarme busqué con la vista mi propia ropa. Estaba completamente hecha una piltrafa, rota y llena de sangre, e hice una mueca de desagrado, pero agradecí que los guantes siguieran intactos.

Finalmente me levanté de la cama con la espalda algo dolorida, pero logré caminar hasta un armario cercano en donde al parecer tenían uniformes de repuesto para los alumnos que como yo, lo necesitaran después de un duro combate. Ahora era SeeD y no me hacía falta aquel tipo de vestimenta, pero no tenía ninguna más a mano.
Busqué uno de mi talla y cuando lo encontré empecé desabrocharme el camisón médico que me habían puesto, quedándome de espaldas a Daedalus. Hubiera estado completamente desnuda de no ser por la ropa interior que cubría mi parte baja. La parte de arriba estaba totalmente libre, únicamente con las vendas que me cruzaban la espalda en diagonal pertenecientes a la herida que me marcaba el torso.

Me tomé mi tiempo para vestirme, tratando de no hacer movimientos demasiado bruscos. Cuando terminé me volví hacia él, con la movilidad del cuerpo bastante más recuperada.

- Bueno… si nos toca ir a Midgar supongo que tendremos que encaminarnos hacia el puerto, no creo que pretendan que vayamos nadando –dije a la vez que soltaba una divertida risa y me acercaba a él- Me alegro mucho que la misión sea contigo, de verdad –dije sinceramente, mientras no pude evitar inclinarme un poco hacia él para darle un rápido pero cariñoso beso en los labios- En fin… ¿nos vamos? –sonreí entre impaciente y animada-

Lo único que quería era salir cuanto antes de esa enfermería… montarme en el barco ya no tanto. Normalmente ellos y yo no nos llevábamos demasiado bien.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Daedalus el Sáb Abr 04, 2009 3:30 pm

- Hola… -. Dijo ella fugazmente, en el momento que para Daedalus el día se hizo luz, al poder escuchar de nuevo su voz, poder reflejarse de nuevo en sus preciosos ojos - El entrenamiento fue una buenísima idea, no te preocupes -. Respondió ella.

Daedalus sabía que lo decía de forma sincera, sin dudar en absoluto de ello, pero una par de él sentía mucho el haber tenido que verla así. En parte era porque no quería que ella sufriese jamás, no deseaba verla en aquel estado… por otra parte, no quería que ella pudiese llegar a pesar mal de él ni nada por el estilo.
Sabía perfectamente que eso no iba a ocurrir jamás, pero la quería tanto, que sin quererlo tenía un inmenso miedo a que algún día pudiera perderla.

- Está bien… no me preocuparé -. Dijo él, con una leve sonrisa.

Sakima escuchó el resumen de la misión mientras el paladín le iba contando los datos de mayor interés acerca de la misma. Ella ladeó la cabeza suavemente mientras iba memorizando todas las palabras, y de repente pareció que un dato en concretó llamó especialmente su atención.

- SOLDADO… -. Murmuró ella en bajo, para si misma, aunque Daedalus llegó a distinguir lo que había dicho.

Al instante la joven giró la cabeza en dirección contraria, clavando su mirada en la ventana que daba al exterior y quedándose mirando al infinito durante unos segundos, cómo con la mente sumida en pensamientos o recuerdos lejanos, una sensación que él conocía perfectamente
En un primer momento el paladín dejó que ella bucease entre esos pensamientos e ideas, no quería molestarla y fuese lo que fuese lo que surcaba su mente daba por hecho que era algo importante para lo que necesitaba su tiempo.

- Sí… SOLDADO -. Dijo él suavemente, una vez ella pareció recobrar la normalidad, mientras asentía suavemente - ¿Ocurre algo con ello? Perdona, olvídalo, no quiero ser indiscreto -. Preguntó él, pero rectificando al instante, prefiriendo dejarla tranquila.


Tras unos segundos, Sakima ya parecía del todo despejada, por lo que se empezó a posicionar para levantarse de la cama. Daedalus se levantó de la misma, ofreciendo su mano para ayudarla a que se pusiese en pie.

- Pues será mejor que salgamos cuanto antes, no quiero retrasar más de lo que he retrasado ya. Tranquilo, estoy bien. Creo que puedo moverme por mí misma, sólo siento el cuerpo algo resentido de estar tanto tiempo en la misma posición -. Dijo ella, rechazando la ayuda del joven con una alegre sonrisa, poniéndose de pie por ella misma, queriendo hacerlo por si misma.

Sakima se apoyó en la cama, poniéndose primero sentada para a continuación dejar caer los pies por el borde del colchón hasta tocar el suelo. Una vez en pie buscó un poco por la habitación en busca de algo de ropa una vez comprobó que se encontraba vestida con una bata de clínica.

- Cómo tú quieras, por mí esperaremos todo lo que necesites para estar preparada -. Dijo Daedalus suave y tranquilamente. Lo único que quería era que ella estuviese bien – Me alegra mucho que estés mejor -. Añadió con una dulce sonrisa, mientras acariciaba cariñosamente su rostro cuando ella se puso en pie, mirándola embelesado a los ojos.

Mientras Sakima inspeccionaba un poco el cuarto, Daedalus cogió una manzana de un cuenco que estaba en una de las mesillas de los lados, rojiza y apetitosa. Dejó que ella emplease el tiempo que requiriera para estar preparada, y con tranquilidad dio un mordisco a la manzana, la cual crujió levemente

La monje pareció percatarse de que sus propias ropas estaban totalmente destrozadas de la batalla. Daedalus ya había pensado en traerle su propia ropa, pero además de que no podía entrar en su habitación para cogerla, le parecía demasiado inoportuno hacerlo sin su permiso.
Por ello, la joven se acercó a una estantería en donde tenían varios uniformes de todas las tallas, cogiendo ella uno de los uniformes de SeeD que allí había, bastante más detallado y bonito que el de los alumnos corrientes.

Entonces el paraíso se abrió para él…

De espalda al joven, Sakima dejó caer al suelo el camisón clínico que cubría su cuerpo, con lo que se quedó prácticamente desnuda a excepción de la ropa interior inferior. El paladín se quedó simplemente de piedra, con la mirada algo más abierta de lo normal, anonadado, boquiabierto… podría haber sido acusado de impertinente, pero aun con toda su voluntad fue incapaz de retirar la mirada de su precioso cuerpo ni un solo segundo. Totalmente relajado de simplemente ver aquella imagen, su mano se aflojó un poco y la manzana que estaba comiendo se le resbaló y cayó al suelo, rodando un poco por él.
Era perfecta… su piel parecía la de un dulce melocotón, suave y tersa con simplemente mirarla sin la necesidad de tocarla por uno mismo, contemplando cómo cada suave brillo, cada leve tono, se reflejaba en ella con calidez. Cada curva de su cuerpo era sencillamente perfecta, cómo si el mismo Dios la hubiese contorneado con sus propias manos, creando la maravilla más preciosa del mundo, una imagen tan irresistible, tan bella, que de solo verla a cualquier persona se le hubiese partido el alma en mil pedazos, cómo algo tan sumamente hermoso que los mortales no estuviesen preparados para poder verlo.

Lentamente ella se fue vistiendo, tomando su tiempo para no realizar movimientos bruscos que pudiesen reabrir alguna herida en su cuerpo. Daedalus contemplaba cada movimiento, cada más mínimo detalle, cómo quien ve algo tan maravilloso, tan único, que teme perderse algún momento, que no puede retirar la mirada ni una sola milésima… Siendo el único deseo en su mente el querer sentir aquella suave y bella piel con contacto con la suya propia.

Finalmente, ella terminó de vestirse, estando preparada para ponerse en marcha, mientras se giraba sobre si misma.

- No sabía que de verdad fueses un ángel… -. Dijo él, con la imagen anterior aun grabada a fuego en su mente, cosa que jamás olvidaría – Gracias por dejarle contemplar la mayor de las maravillas del mundo, no tengo palabras para describir lo que mis ojos acaban de ver -. Dijo él, completamente sincero, sin exagerar lo más mínimo, mientras la sonreía totalmente embobado y embelesado de ella, alzando la mano para acariciar de nuevo su rostro, al tiempo que ella se acercaba y le daba un fugaz beso en los labios.

- Bueno… si nos toca ir a Midgar supongo que tendremos que encaminarnos hacia el puerto, no creo que pretendan que vayamos nadando. Me alegro mucho que la misión sea contigo, de verdad. En fin… ¿nos vamos? -. Dijo ella, con una alegre sonrisa en los labios, aparentemente bastante animada e impaciente por ponerse en marcha.

Daedalus asintió levemente tras corresponder aquel rápido beso, pero sin poder evitar alargarlo un poco más mientras aun acariciaba su rostro, sintiendo más aun que nunca el contacto con su perfecta piel.
Después, una vez ella se separó un poco, el joven sacudió un poco su propio rostro a los lados para recobrar la cordura, pues en su corazón había una única cosa clavada, ocupándolo por completo… Era evidente lo que esto era.
Tras ello, se agachó para recoger la manzana que se le había caído y tirarla a una basura en un lado de la habitación.

- Nada me podría alegrar que hacerla contigo, estar contigo es lo único que quiero, ya sea en una misión, habitación... en cualquier parte - Dijo él desde su corazón -. Y... sí, hay un coche esperándonos en los garajes para acercarnos hasta el puerto. Allí tendremos que coger un barco de pocas plazas que nos llevará hasta las afueras de Midgar -. Dijo él, corroborando las suposiciones de Sakima – Bueno, pongámonos en marcha -. Añadió, mientras sonreía a Sakima y salían juntos de la enfermería.


Tras varios minutos llegaron hasta los garajes de la Akademeia, pasando una puerta donde un guardia les pidió a ambos sus códigos de identificación cómo SeeDs. Sin problema alguno, ambos entraron en los garajes, donde el paladín se dirigió hasta la plaza en donde el coche que les habían prestado para la misión debería estar aparcado.
Efectivamente, en dicha plaza había un coche de dos plazas, negro, ni de poca ni de mucha calidad, algo simple aunque suficiente para llevarlos a ambos hasta el puerto en donde tomarían el barco.

- No te preocupes, conduciré yo -. Dijo Daedalus, queriendo simplemente que ella aprovechase el viaje para terminar de recuperarse y descansar un poco más.

El joven se montó en el coche por el lado del conductor, usando las llaves que el directivo que les encargó la misión le había dado anteriormente, para ello y para poner el coche en marcha. Esperó a que Sakima se montase a su lado y cerrase la puerta, cuando al hacerlo se quedó durante unos instantes mirándola, con una enamorada sonrisa en su rostro que le era imposible borrar jamás.
Posó su mano derecha sobre la de ella, acariciándosela suavemente y con absoluto cariño tras lo que emitió un leve suspiro.

- Al fin, nuestra primera misión juntos… Bueno, veamos de qué somos capaces de hacer, ¿no? -. Dijo, sonriéndola.

A continuación, Daedalus apretó el acelerador tras haber desaparcado el coche y salir del garaje. Con varias pulsaciones puso la radio del coche mientras salían del área de Akademeia por la carretera principal, en la que sonaba una preciosa y dulce canción que se titulaba “A river flows in you”, que era instrumental tocaba únicamente con un piano. Era sencillamente genial, preciosa, y el escucharla hizo que mirase a Sakima y la sonriese desde lo más profundo de su corazón.

Para recuperar un poco el tiempo que llevaban de retraso, el joven trató de ir relativamente rápido, dado que el camino era bastante recto en la mayor parte del tiempo y no conllevaba peligro. Finalmente tras un rato en el coche empezó a divisarse a lo lejos algo parecido a un pequeño pueblo, el puerto de la isla.
Entró en el puerto con el coche y lo aparcó en el primer lugar que vio disponible, apagando el motor a continuación.

- Ya hemos llegado -. Dijo el paladín mientras abría la puerta del coche y salía, esperando que Sakima hiciese lo mismo.

Anduvieron juntos hacia el puerto en si, donde numerosos barcos estaban amarrados, de todos los tipos y tamaños, desde pequeños botes a enormes yates. Daedalus revisó un momento uno de los papeles, donde se especificaba que montasen en un barco llamado AK-0123; no fue difícil de encontrar, ya que estaba entre todos los demás, y juntos se acercaron a él.
Al lado del barco, bastante lujoso y llamativo, había un hombre con la insignia de Akademeia, con pinta de llevar un buen rato esperando.

- Llegáis tarde, ya vamos con retraso -. Dijo aquel hombre, algo enfurruñado. Daedalus supuso que se trataba del piloto que los acompañaría hasta la región de Midgar, así que mostró su identificación cómo SeeD antes de que él se la pidiese, a lo que el hombre simplemente hizo un gesto y entro en el barco – Pues bien, vamos ya, tardaremos bastante en llegar hasta Midgar -. Añadió él, al tiempo que se metía en el barco.

Daedalus miró un momento a Sakima, perdiéndose en su mirada por completo, mientras la sonreía dulcemente y hacía un suave ademán, indicando que ella pasase primero y cruzase la rampilla para entrar al barco.

- Después de ti, nos vemos dentro princesa -. Dijo él, regalándola una profunda sonrisa.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Sakima el Dom Abr 05, 2009 12:05 am

Me había perdido en mis propios pensamientos durante no sé cuanto tiempo. Eran demasiadas dudas, demasiadas incertidumbres que se me cruzaban por la cabeza en ese momento.
De todas formas, cuando quise darme cuenta de que aún seguía en la enfermería, lo sentí un poco por Daedalus. Le había apartado de mi mente por un momento indefinido, casi sin darme cuenta de que estaba ahí, en silencio, esperando a que yo me dignara a decir algo.

Supuse que no pasaría por alto mi silencio y mi desconcierto, y me preguntaría al respecto. Y así lo hizo, aunque no le contesté de repente. Fueron pasados unos segundos cuando decidí soltar palabra.

- No es nada, no te preocupes -respondí, tratando de camuflar la mentira en una débil sonrisa-

Me hubiera gustado contárselo, ya que él era la única persona en la que confiaba plenamente dentro de aquella academia, y posiblemente no existiera ninguna otra con la que quisiera compartir todo sobre mí. Y más aún, cuando días antes él me había contado cosas sobre su pasado… era justo que yo le contara del mío.

Pero ésta vez, sólo por ésta vez, decidí quedarme callada. Ya le contaría todo cuando acabásemos la misión, o cuando hubiera oportunidad. Ahora mismo no quería involucrarle en mis propios problemas, o crear alguna situación que interfiriera en el éxito de la misión. Prefería mantenernos a ambos en la ignorancia, y en el caso de que ocurriera algo extraño, ya tomaría medidas al respecto en el debido momento.

Mientras me vestía con cuidado, pensé si sería conveniente quitarme las vendas de las heridas. Pero luego llegué a la conclusión de que sería peligroso por si volvían a abrirse, así que me puse la ropa encima de éstas.
Cuando acabé, me giré de nuevo hacia Daedalus, y éste tenía una cara que hasta me hizo un poco de gracia. Cuando me habló, al principio no supe bien a qué se refería… luego me di cuenta de lo que había pasado y enrojecí levemente.

- Ah… bueno… pues… -no sabía dónde meter la cabeza, porque realmente no lo había hecho a propósito- De nada, supongo… creo que con esto estamos en paz.

Andaba tan metida en mi pensamiento, que no se me pasó por la cabeza que había dejado un perfecto ángulo de visión para que Daedalus viera cómo me cambiaba de ropa. Tal y como había pasado el primer día de conocernos, sólo que ésta vez era a la inversa… ya que aquel día mis ojos también disfrutaron de una imagen que aún seguía presente en mi cabeza, la imagen del chico con el torso completamente desnudo, con la luz de la ventana chocando contra su piel.

De todas formas, llegados a este punto era algo que de haberlo hecho conscientemente, tampoco era algo que me preocupaba. Mostrarle mi cuerpo tal como era a la persona que amaba no era algo que me detuviese.

- De preferencia en una habitación
–murmuré para mi misma, no estaba segura de si me había oído o no, pero era un deseo tan fuerte que mi voz no pudo evitar reproducirlo aunque fuera un poco-

Salimos de la habitación y de ahí bajamos hasta los garajes, en donde un coche biplaza bastante sencillo de color negro, pero bonito a la vista, al menos para mi, nos esperaba.

No hizo falta que Daedalus dijera que él conducía, ya que lo cierto es que yo en la vida había cogido un coche. Me había montado en tres o cuatro durante toda mi vida, pero jamás había conducido uno. En una aldea tan pequeña y tan metida en el bosque como era Mideel, no hacía falta transporte.
Él se dirigió al asiento del conductor, mientras yo me encaminaba hacia el asiento del copiloto. Entré y cerré la puerta, quedándonos ambos solos y en silencio antes de prender el motor del coche. Sentí su caricia en mi mano y respondí también dándole otra caricia con la mano que tenía libre.

- Siendo tú y yo los que vamos a la misión, seguro que sale genial –le sonreí, completamente convencida-

Por lo menos, estaba segura que él y yo haríamos un buen equipo. Ambos teníamos esa coordinación que con tan sólo mirarnos ya sabíamos lo que pensábamos. Además, hasta hacía poco había tenido una buena pelea de entrenamiento con él, y sabía que sus ataques eran bastante efectivos y letales. Lo sabía de primera mano.
Y aunque la mayor parte de mí estaba entusiasmada con la misión, seguía existiendo una parte que temía enfrentarme cara a cara con mi padre y darle muerte sin saber si quiera si era él. Sólo rezaba para no encontrarme con ningún SOLDADO que se pareciera físicamente a mí.

Daedalus arrancó el coche y las puertas del garaje se abrieron de manera automática, dejando la vista de las praderas que rodeaban la Akademeia delante de nosotros. Pisó el acelerador y empezamos a movernos hacia nuestro primer destino; el puerto.

Por el camino se escuchó en la radio una canción que inconscientemente me hizo ladear la cabeza hacia el chico, y al parecer él sintió lo mismo, ya que ambos nos sonreímos al mismo tiempo. Era muy bella y tranquila, e invitaba a la relajación.
Bajé el cristal de la ventanilla lateral del coche y me recosté cómodamente contra el sillón, apoyando el antebrazo sobre la ventanilla y ladeando un poco el rostro hacia el exterior. Cerré los ojos, sintiendo el aire sobre mi cara a medida que el coche ganaba velocidad y la preciosa canción de la radio tranquilizaba toda parte de mi ser.

Finalmente llegamos al puerto, en donde Daedalus aparcó el coche y ambos nos bajamos para buscar el barco en donde nos correspondía subir. Él tenía los informes de la misión y el nombre del barco, así que simplemente caminé a su lado hasta llegar a una pequeña pero lujosa embarcación privada.

- Tardaremos un par de horas en llegar, así que poneos cómodos –nos indicó aquel hombre-

Simplemente puse los ojos en blanco. Conocía perfectamente las horas que tardaríamos en llegar la costa de Midgar, pues meses antes había tenido que hacer exactamente el mismo viaje. Un viaje por cierto, bastante movido. Esperaba que al menos ese barco tuviera algo más de consistencia, o las náuseas volverían a invadirme.

- Nos vemos dentro entonces… no tardes mucho –le saqué la lengua a Daedalus en plan divertido, mientras cruzaba la rampilla hasta el camarote del barco, seguida del chico-

Una vez los dos estuvimos dentro, el capitán del barco procedió a soltar amarras y a encender los motores, saliendo del puerto. Según mis cálculos, llegaríamos sobre el mediodía-tarde al puerto de Midgar, a no ser que ocurrieran contratiempos por el camino.

Tal y como había previsto, el estómago empezó a darme vueltas, como siempre ocurría cada vez que me subía a un barco. Sacudí la cabeza de un lado a otro para despejarme y respiré profundamente, parpadeando un poco para enfocar la vista en los papeles que tenía delante de mí.
El barco constaba de un camarote privado con varios cómodos sillones y una mesa central en donde Daedalus y yo pusimos todos los informes de la misión para repasarla cuidadosamente.

- Al parecer no vamos a estar solos… -dije a la vez que fruncía el entrecejo, observando una carpeta en donde venía una documentación sobre cuatro miembros que se unirían a nosotros para detener el ataque-

Ambos teníamos bajo nuestro mando a un especialista en cartas, una especialista en artes marciales, un soldado y una especializada en técnicas de curación. Eran dos chicos; Rony y Blank, y dos chicas, Gilda y Celest.

- Tal vez sea conveniente hacer grupos de tres –le dije a Daedalus, mientras observaba las características de cada uno- Ya hablaremos con ellos cuando nos los encontremos, pero hay que quedar de manera equilibrada por si acaso.

El hecho de tener a personas bajo mi responsabilidad era algo que no me agradaba demasiado. Porque ahora no se trataba de preocuparme de mí misma, sino también de aquellos que peleaban a mi lado. Esperaba al menos que supieran defenderse bien y no me tuvieran constantemente pendiente de ellos. Al llegar a Midgar, tendríamos que ponernos de acuerdo los seis miembros para coordinarnos entre nosotros para así poder efectuar un buen contraataque contra los SOLDADO.

Seguí leyendo los detalles de la misión y hubo algo que me llamó bastante la atención. Tanto, que me hizo abrir los ojos más de lo normal.

“…que Zack Fair iba a liderar a un grupo de reconocimiento por los…”

Terminé de leer todo el párrafo que le continuaba y cerré el informe, dejándolo sobre la mesa de mala gana.

- Hay veces que odio ser SeeD –refunfuñé y volví a recostarme sobre el sillón, esperando simplemente que llegáramos a las costas de Midgar-

Zack Fair, aquel cuyo nombre aparecía incluso en los libros, era y seguía siendo uno de los héroes que siempre admiré desde muy pequeña. Y ahora estaba a punto de iniciar un movimiento contra él… o por lo menos, a pelear contra los que estaban bajo su mando, cosa que no me importaba en absoluto, no se podía decir que les tuviera especial aprecio a los SOLDADO. Tampoco me desagradaban, simplemente me daban igual.
Pero el simple hecho de encontrarme cara a cara con él, de poder decirle “hola”, era algo que ni en mis más profundas imaginaciones podría llegar a pensar que pasaría. Una parte de mí lo deseaba, otra parte me decía que estábamos en medio de una misión a punto de iniciar una batalla, y la presencia de Zack en ella significaría la derrota absoluta, porque por más que quisiera ser optimista, ni Daedalus ni yo tendríamos oportunidad para derrotar al que ya era un héroe en toda Gea.

No, por ésta vez preferí que Zack guardara la distancia respecto a nosotros, y nos tropezáramos únicamente con los SOLDADO bajo su mando. Aguantaríamos el tiempo suficiente para que los miembros de A.L.U.D. pudieran llegar al barco. Después de eso iniciaríamos la retirada y daríamos la misión como exitosamente concluida.

- Ya hemos llegado –indicó el capitán, apareciendo en nuestro camarote-

Tanto yo como Daedalus giramos el rostro hacia él y asentimos. Luego nos miramos entre ambos, quedándonos en silencio por unos segundos. Las cosas iban a complicarse a partir de ahora.

El barco había llegado hasta la cala de Midgar, y allí nos bajamos, en medio de la arena. El capitán del barco nos hizo una señal con el brazo de forma desganada, mientras ponía de nuevo el motor el marcha y retrocedía, regresando de nuevo a la isla de Akademeia.

Nos quedamos completamente solos en medio de aquella playa, con el sol en lo alto del cielo indicando el mediodía.

- Bueno… creo que es hora de ponerse serios –sonreí de medio lado mirando al chico que me acompañaba-

Si no me fallaba la memoria, ahora tendríamos que dirigirnos hacia el Sector 8. Creía recordar dónde estaba, pues varias veces de pequeña tuve que acompañar a mi madre a Midgar, sin contar la última vez que había visitado la ciudad para salir del puerto que me llevaría hasta la isla de Akademeia.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por AdminX el Lun Abr 13, 2009 11:44 pm

Dia 1
14.00
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Estais llegando a la ciudad. El camino desde la cala no ha sido agotador. Pero al menos ya estais calientes.

Al llegar a la entrada a la placa un Soldado de Shin-Ra está firme.

Os hace una pregunta de reconocimiento mientras os apunta con su Grifo repetidor y luego abre las puertas. "¿Venís a Causar problemas a Midgar?"

Entrar ha sido facil, el sendero ahora está dividido. Podeis ir directos a la dirección indicada en los informes y entrar en lo que tardareis una hora, o , por lo contrario, invertir dos horas desviando el trayecto visitando algun lugar (+30minutos por lugar visitado).

-Tienda de Armas de H&H
Podeis comprar un Arma especial que os regala la magia PIRO. El precio son 30 PH
-Farmacia de los Suburbios
Tienda con los objetos de la tienda de objetos a MITAD de precio.
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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Daedalus el Vie Abr 17, 2009 8:54 pm

Absorto durante unos instantes, navegando a la deriva en una misma imagen, una grabada a fuego en su vista, en su mente, cómo si desde aquel momento no pudiese ver o pensar en algo diferente de aquello. Cómo cuando una persona se queda contemplando la obra de arte más perfecta y maravillosa que ha visto en toda la vida, cómo si nada más descubrirlo, supiese a ciencia cierta que jamás en toda su vida pudiese volver a ver nada ni siquiera parecido.

Durante aquellos instantes, a pesar de ya haber pasado, Daedalus únicamente podía pensar en aquel cuerpo de Sakima casi desnudo que había visto ante él, simplemente perfecto, maravillándolo por completo en todos los sentidos.

- De preferencia en una habitación -. Susurró ella, murmurándolo para si misma, aunque al joven le pareció comprender lo que había dicho, en el momento que con esas palabras salía un poco de aquel ensimismamiento mientras recordaba la imagen más bella que jamás hubiese podido ver.

El paladín prefirió no añadir nada más al respecto, además de dejar entrever una suave sonrisa sobre sus labios mientras mantenía los ojos cerrados un instante. Aunque de pronto, cómo si fuese de forma inconsciente sus labios se abrieron, pronunciando unas palabras por si solos, cómo si él no lo hubiese controlado y hablase directamente su corazón.

- De preferencia, mientras esté contigo, dará igual el lugar -. Dijo, sonriéndola sinceramente.


- Siendo tú y yo los que vamos a la misión, seguro que sale genial -. Dijo ella, sonriéndolo a él mientras permanecían unos instantes dentro del coche, quietos.

Daedalus se la quedó mirando un momento, dejando que poco a poco una tierna sonrisa se fuese dibujando en su rostro lentamente. El joven tomó la mano de ella suavemente, cogiéndola con las dos suyas y acariciándosela lenta y cariñosamente, sintiendo todo el contacto con su piel a modo de lentas y suaves caricias; después posó sus labios sobre el dorso de la mano de ella, dándole un bonito beso en ella al tiempo que iba soltando su mano.

- Sé que saldrá genial si vamos juntos -. Dijo él, mirándola fijamente a los ojos de forma más que dulce – Porque mientras estés a mi lado, tengo la sensación de poder hacer cualquier cosa. Eres todo cuanto necesito para seguir adelante, para que contigo todo parezca fácil -. Añadió él, de forma completamente sincera.

Fue soltando finalmente la mano de ella, dejando que las manos de ambos se rozasen suavemente al hacerlo, para después poner la mano derecha sobre la palanca de marcha del coche y ponerse en marcha.


Una vez delante del barco, Daedalus se quedó a un lado, dejando que ella pasase dentro del mismo, con los brazos cruzados mientras la sonreía. Ella le sacó la lengua cariñosamente, de forma divertida, mientras empezaba a caminar rampilla arriba.

- Nos vemos dentro entonces… no tardes mucho -. Dijo ella mientras subía al barco.

El paladín sonrió por el final del comentario, dedicando unos instantes a quedarse observando el azulado cielo, tomando aire mientras cerraba los ojos. Después se dio la vuelta, abriéndolos de nuevo: la rampa estaba libre, esperándolo. No sabía del todo lo que pasaría al subir a aquel barco, pero de alguna forma tenía ganas de comprobarlo… mientras estuviese junto a Sakima, todo sería perfecto.

De este modo, el joven caminó por la rampilla y entró al barco. Era de tamaño medio, pensado para que dos pudiesen ir dos personas de forma cómoda, además del conductor del mismo. Al entrar pudo ver cómo Sakima parecía algo incomoda, aunque cuando el barco se puso en marcha su estado pareció empeorar algo más.
Por lo que parecía, los barcos no le hacían demasiada gracia y probablemente el estómago se le hubiese revuelto un poco. En la mesa central del camarote privado, colocaron todos los informes de los que disponían para poder programar mejor la misión y retocar los detalles de la misma, pues a partir de entonces probablemente no tendrían mucho tiempo libre para hacerlo.

- Al parecer no vamos a estar solos… -. Comentó ella mientras miraba unos papeles y fruncía un poco el ceño.

A Daedalus le extrañó un poco ese dato, y que no le hubiesen comentado nada al respecto, pues sin duda era un dato bastante importante cómo para pasarlo por alto. No sabía si era una idea que le agradaba o molestaba, pero sin duda era algo que probablemente dificultaría más la misión, pues no tendrían que preocuparse sólo de si mismos, sino también de otros cuatro compañeros a su cargo.

- Sí, eso parece la verdad… No tenía ni idea, en fin, tendremos que amoldarnos a ello -. Dijo Daedalus, al tiempo que ojeaba un poco los papeles en los que mencionaban a esos cuatro miembros.

Terminó de leer los datos al respecto y cerró la carpeta en la que venían esos mismos papeles, dejándola a un lado para coger un mapa donde venía marcada la posición donde desembarcarían, así que cómo el punto de destino. Cogió un lápiz, trazando cuidadosamente el camino que parecía más seguro de seguir, así cómo el más directo para llegar cuanto antes y sin problemas.

- Tal vez sea conveniente hacer grupos de tres. Ya hablaremos con ellos cuando nos los encontremos, pero hay que quedar de manera equilibrada por si acaso -. Comentó ella, mientras pasó ella a analizar los datos estadísticos de cada miembro que estaban a su cargo.

No tenía claro cual debía ser el método de distribución, pero parecía evidente que no iba a ser mala idea separarse en varios grupos, al menos dos. De todos modos eso era algo que aun no podían definir correctamente, pues dependiendo las necesidades de la misión vendría bien hacer más o menos grupos.

- Sí, me parece bien -. Dijo él, sonriendo suavemente – Cuando estemos allí y conozcamos exactamente la situación, veremos cómo dividir el grupo -. Añadió, asintiendo lentamente.

De pronto Sakima se quedó algo paralizada mientras leía algo en unos papeles de la misión. Daedalus no se fijó en las palabras del papel, tan sólo se quedó mirando por unos segundos el rostro algo perplejo de Sakima, yendo a preguntarla por ello, aunque antes de llegar a hacerlo ella se adelantó.

- Hay veces que odio ser SeeD -. Dijo ella de repente, refunfuñando un poco mientras de nuevo se recostaba sobre el sillón.

Daedalus frunció levemente la mirada, para después observar el papel que tenía sobre la mesa y que acababa de mirar. Mirándolo un poco por encima le pareció ver que nombraba varias veces a un SOLDADO llamado Zack Fair; sabía quien era, al menos había oído hablar de él, aunque no conocía más que eso, ningún dato concreto que le pudiese indicar algo de por qué a Sakima le había sentado así aquello.
Pese a ello prefirió no preguntar, parecía algo de lo que ella no fuese a tener ganas de hablar, así que dejó que ella le contase algo si ella quería.

Daedalus dejó todos los papeles sobre la mesa, ordenándolos en la carpeta correspondiente y echándose un poco sobre el asiento en donde ambos estaban sentados. Lentamente se acercó un poco más a Sakima pegándose un poco a ella pero sin llegar a resultar molesto ni mucho menos, recordando además que al parecer ella estaba un poco molesta por el viaje en barco.
Con máximo cariño, acarició suave y tiernamente el vientre de ella, al tiempo que la sonreía dulcemente, tratando de calmar un poco esa sensación de mareo. La otra mano la pasó un poco por encima de ella, tampoco demasiado, lo justo para acariciar un poco su cabello y resguardarla un poco entre sus brazos, sin cesar sus caricias, no tanto cómo una señal de protección, sino más de puro cariño.

- Ya hemos llegado -. Se escuchó de fondo, al conductor del barco.

Daedalus posó un suave beso sobre el cabello de la joven, dedicándola una última mirada de pleno amor antes de separarse de ella para ponerse de pie. Ambos asintieron… Estaba a punto de comenzar.
Salieron juntos del barco, posando los pies sobre la arena de la orilla. El lugar estaba algo desolado, sin muestra alguna de gente… tal y cómo era esperado, puesto que lo ideal era que nadie los viese llegar.

- Bueno… creo que es hora de ponerse serios -. Sonrió ella, mientras miraba de lado al paladín.

El joven cruzó los brazos bajo el pecho mientras miraba de medio lado a ella también, dejando escapar una profunda sonrisa, para después hacer una cariñosa carantoña sobre la cabeza de ella y riendo un poco.

- Bien… siguiendo por este trayecto deberíamos llegar en no demasiado tiempo a Midgar -. Dijo él mientras sostenía en las manos el mapa que antes había usado para calcular el mejor camino posible – Vamos, entonces. Esto ya es la misión, así que aunque aun no estemos en la ciudad es mejor que no bajemos la guardia en ningún momento -. Comentó él, aunque sabía de sobra que ella ya lo tendría en cuenta sin que él dijese nada.

Empezaron a caminar por aquella especie de desierto árido y sin demasiada vegetación, silenciosos, cómo dos sombras cruzando el terreno sin que nadie llegase a saber que se encontraban allí.
A sus espaldas el barco se fue alejando de la orilla en donde los había dejado, mientras ellos proseguían caminando, con un único objetivo en su mente: Midgar.

Al cabo de unos minutos empezaron a poder ver al fondo la ciudad, bastante llamativa en medio de aquel lugar, con sus luces y mecánica tecnología por doquier. La verdad es que era difícil pasarlo por alto, y de esta forma prosiguieron caminando rumbo a la ciudad hasta que al cabo de una hora aproximadamente se encontraban ya frente a las puertas de la ciudad.

Por lo que parecía Midgar tenía muchos accesos diferentes, más teniendo en cuenta los diferentes distritos de la ciudad que había. De todos modos fueron por la entrada que estaba planeada, probablemente porque esa era por la que menos llamarían la atención. Pese a todo, al poner un pie dentro ambos escucharon un leve ruido metálico, cómo de un arma.
A su lado, había un soldado de Shin-Ra apuntándolos con un rifle.

- ¿Venís a causar problemas a Midgar? -. Dijo el soldado, algo nervioso quizá, probablemente no tenía demasiada experiencia.

Daedalus enarcó un poco las cejas ante aquel comentario. No era una forma muy servicial de recibir a alguien a la ciudad, más teniendo en cuenta de que al menos no le había parecido que llamasen mucho la atención ni tuviesen pinta de ser problemáticos. A pesar de ello, el paladín alzó un poco las manos, para que viese que no llevaba nada en ellas y que no suponía una amenaza.

- No sé qué te ha hecho pensar algo así, pero en absoluto pensamos causar problemas -. Dijo él, mientras se adelantaba un poco – Venimos de visita, tan sólo esperamos poder pasar una estancia lo más tranquila posible -. Añadió Daedalus, con un tono de voz calmado y tranquilo.

El soldado retiró el arma, sin decir nada más, para dejarlos pasar sin más. El joven pasó de largo, junto a Sakima, adentrándose en la enorme ciudad juntos.


Tras caminar juntos un par de minutos, Daedalus se quedó quieto un momento mientras miraba unas anotaciones que tenía en unos papeles, para después mirar a los lados en varias direcciones.

- Uhm… a pesar del retraso al final hemos llegado algo antes de lo previsto, podemos dar un rodeo, tal vez encontremos algo de utilidad, por lo que leí en esta ciudad hay tiendas muy interesantes -. Comentó Daedalus mientras miraba en dirección a otro camino – Después de todo no nos iba a venir mal terminar de equiparnos -. Añadió.

Dicho esto, se pusieron en marcha por otro camino lateral. Tardarían un poco más en llegar a su destino, pero al menos él creía que no los retrasaría considerablemente ni mucho menos.


Caminaron por aproximadamente una media hora por unas calles comerciales de todo tipo, cuando el joven se detuvo un momento en medio de la calle, pasándose la mano derecha por el pelo mientras miraba a los lados un poco, comprobando que al lado de ellos había una especie de tienda de uniformes de todo tipo. Buscó algo más con la mirada, pero no llegó ver nada que le llamase especialmente la atención, así que finalmente descendió la mirada para mirarla a ella sonriéndola tiernamente.

- ¿Ves algo que te llame la atención? La verdad es que no me ha parecido ver nada en concreto por aquí -. Dijo Daedalus frunciendo un poco los labios.


// Vamos a la tienda "Sastre a Medida", empleando el tiempo que ello conlleva.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Sakima el Sáb Abr 18, 2009 5:56 pm

Después de salir de la enfermería, bajar al garaje, agarrar el coche y estar un rato en carretera, finalmente llegamos al pequeño pueblo en donde estaba situado el puerto.
Era temprano, por la mañana. Hacía buen tiempo, el cielo estaba despejado y la mar tranquila., aunque antes de que hubiésemos subido a bordo suspiré algo resignada por el viaje. Barcos... quién me mandaría a mí a montarme en uno.

No sabía realmente el porqué los barcos me causaban dolor de cabeza, ya que generalmente adoraba el mar, y no ocurría lo mismo con las embarcaciones pequeñas, como una lancha o un bote. Pero un barco… y más si era grande, era mortal. Ese suave y constante meneo de un lado a otro me subía y me bajaba el estómago, y empecé a sentir los efectos cuando ya nos habíamos alejado uno o dos kilómetros del puerto.
Era una de mis dos fobias insoportables, y tener que resignarme a soportarla me ponía simplemente de mal humor.

Sin embargo, gracias a que en la estancia había un pequeño sillón blanco haciendo juego con las paredes, me pasé sentada la mayor parte del viaje analizando los documentos, de vez en cuando saliendo al exterior para tomar un poco de aire y observar el horizonte.
Una de las veces, en la proa del barco pudimos ver cómo una manada de delfines jugueteaba saltando delante de la embarcación, tal parecía que estaban jugando al corre y atrapa con nosotros. Aquello me subió un poco el ánimo hasta el punto de hacerme reír divertida.

Pero de vuelta a la realidad, volvíamos a estar en el camarote analizando nuevamente los documentos.

- Sí, habrá que amoldarse queramos o no –respondí ante el comentario de Daedalus- Me da pena porque ya no tendremos intimidad –bromeé un poco con esto último… bueno, medio en broma, medio en serio. Vale, más en serio que en broma… ok, completamente en serio-

Apoyé un codo cómodamente en el brazo del sillón y subí los pies al mismo, doblando las rodillas hacia dentro, mientras sujetaba la información de los miembros en mis manos.

- Espero que sean buenos chicos y no nos metan en más problemas de los que ya tendremos –fue un pensamiento en voz alta, sin levantar la vista del papel-

Mi cabeza estaba especializada en sacar de manera inconsciente cualquier cosa improvisada que pensándola detenidamente y en serio no sería capaz de sacar. Y de repente empecé a sopesar las posibilidades.
Sería mejor si nos manteníamos unidos como un grupo, pero los SOLDADO podrían atacar por diferentes flancos, y mientras nosotros combatimos por un lado, podrían aprovechar para detener a los de ALUD por otro. Además, dos personas dando órdenes a cuatro puede volverse bastante complicado, sobre todo a la hora de obedecer a uno o a otro.

Mi mente seguía funcionando de manera rápida. Sabía que los grupos se decidirían una vez conociésemos a los miembros y nos pusiéramos de acuerdo, pero empecé a montarme una base. Sería conveniente tener un sanador en cada grupo, otro que se encargara de mermar al enemigo y apoyar a los aliados ya sea defendiendo o atacando, y otro que simplemente se dedicara a repartir zurras como panes.

Suspiré, me dolía la cabeza. Dejé los papeles encima de la mesa y me froté las sienes mientras cerraba los ojos. Ahora tenía cuatro problemas.

Primero estaba el tema del barco. Tenía unas ganas inmensas de pisar tierra firme y dejar atrás este malestar que me recorría el cuerpo.

Segundo, el caso de repartirse los grupos, cuidar de nuestros subordinados temporales y procurar que no les pasara nada… ni a ellos ni a nosotros, mientras los de ALUD cargaban las mercancías. Y eso, por supuesto, salir con vida y con éxito de todo aquello.

Tercer problema… la sensación de poder encontrar a mi desconocido padre entre toda la marea de SOLDADOS que posiblemente nos atacarían. ¿Cuántos años tendría ahora? Treinta y algo, como mucho. Dudaba que de plano le reconociera ya que jamás le había visto, sólo tenía sus ojos. ¿Pero qué pasaría si uno de los SOLDADO muertos en combate era él, y peor aún… por mi propia mano?

Y el cuarto problema era el peor de todos. Zack Fair. Ese hombre que despertaba mi más profunda admiración y respeto había sido colocado en las filas enemigas. Luchar algún día contra él se me había hecho impensable… pero ahora era la realidad pura.
Me daba escalofríos nada más pensar la situación: “¡Zack, un grupo de rebeldes está acabando con todas nuestras tropas, te necesitamos!” le diría un SOLDADO. Zack aparece. Zack levanta su espada. Y todos a hacer puñetas al otro barrio. Éramos SeeD, sí… pero SeeD recién ascendidos. Estábamos demasiado verdes contra alguien kilométricamente más experimentado que nosotros que ya era conocido en toda Gea.

Noté que Daedalus me examinaba, posiblemente se hubiera dado cuenta de mi reacción pero no preguntó nada al respecto… y yo tampoco dije palabra. Le conocía lo bastante bien como para saber que se preocuparía de que yo estuviera preocupada. Y eso podría fastidiar el éxito de la misión, y de ninguna manera iba a permitir eso.

Sonreí inconscientemente cuando se sentó a mi lado, juntándose a mí. Realmente necesitaba ese tipo de apoyo en ese momento. Y cuando me acarició el vientre no pude evitar dejar escapar una pequeña risa aliviada por el gesto que había tenido.

- No le des muchos mimos que luego se acostumbra, es como un niño caprichoso –respondí en tono de broma y me acomodé sobre su cuerpo, apoyando mi mejilla en su hombro y cerrando los ojos, soltando un suspiro como si liberara todo el agobio y la tensión acumulada- Gracias –murmuré finalmente, hablando con total sinceridad-

A su lado me sentía muchísimo mejor. No sólo se me pasaba el mal humor y las preocupaciones de la misión, sino que también me sentía en una especie de mundo aparte en donde el barco y todo lo demás desaparecía, imaginando que aún estábamos en la habitación, sobre la cama. Incluso el malestar del estómago desapareció.

Pero la buena sensación no duró mucho, ya que el dueño del barco nos avisó que habíamos atracado en el muelle de la costa de Midgar. Cuando pisé la arena de aquella desolada playa, mi humor alegre y optimista de siempre volvió a invadirme.
Parecía mentira todo lo que un simple barco podía cambiar mi estado de ánimo. Incluso los problemas de la misión empezaron a suavizarse. No pensaría en ellos hasta que realmente estuvieran presentes, y una vez ocurrieran, los trataría de resolver de la mejor forma posible y con la mente en frío.

- Vaya, eres un chico muy organizado, eh? –sonreí curiosa mirando por encima del hombro de Daedalus, al parecer incluso se había tomado la molestia de trazar la mejor ruta hasta Midgar- En marcha entonces.

El viajecito a través de la seca pradera y del bosque nos acercaba cada vez más a la ciudad de las máquinas y la tecnología. A lo lejos podía verse la gran superficie, y tras avanzar un poco nos topamos con un SOLDADO custodiando la puerta de entrada a uno de los sectores.

- ¿Venís a causar problemas en Midgar? –exclamó éste, apuntándonos con su arma algo nervioso ante la posible “amenaza” de su puesto de vigía-

Alcé una ceja algo perpleja, mientras Daedalus se encargaba de contestarle. El personajillo vestía un uniforme de SOLDADO de color azul marino pálido, clara señal de que se trataba de un 3º Clase. O al menos por lo que había podido investigar, sabía que había un color para cada rango; azul marino pálido para los 3º Clase, morado para los 2º Clase y azul marino casi negro para los 1º Clase. Siempre y cuando no hubieran establecido un nuevo mandato después de mi última investigación, claro.
Pero si esto seguía presente, nos vendría de perlas a la hora de decidir si un enemigo era peligroso o no. Es decir, que si nos topábamos con algún SOLDADO que llevara ropajes oscuros, ya podríamos plantearnos la idea de empezar a mover las piernas en dirección contraria.

- Cierto, sólo estamos de visita –secundé a Daedalus a la vez que miraba al soldado poniendo mi sonrisa más angelical- ¿Entonces nos dejarás pasar? –no perdí la sonrisa, y ésta vez le guiñé el ojo al chaval para descentrarlo un poco. Al momento se puso firme, como si quisiera aparentar ser educado.

Sólo esperaba que Daedalus no hubiera tomado aquello en serio, sólo era una pequeña y traviesa treta para borrar todo signo de sospecha que pudiera tener de nosotros y que nos dejara pasar. Y al parecer, funcionó.

Daedalus y yo entramos a Midgar directamente por los suburbios, y al momento sentí un golpe invisible y molesto en la nariz que me hizo contraer el rostro. Aquel olor… el olor a ciudad, a metal, a fábrica y a cloaca. Yo era una chica de campo acostumbrada al aire puro y a los árboles, por tanto aquel tipo de olores industriales los podía notar con mayor facilidad.

- ¡Vayamos al Sector 6! Ahí está el Mercado Muro, podemos ver algunas tiendas –sonreí al chico algo emocionada cuando dijo que podíamos tomarnos un poco de tiempo libre, ya que habíamos venido antes de la hora prevista-

Entonces empezamos a caminar por las calles, y me di cuenta que los suburbios apenas habían cambiado nada desde la última vez que había venido. Tal vez algo más de suciedad y restos, pero nada más.
De paso, por el camino iba analizando inconscientemente a los SOLDADO que paseaban por ahí, quería asegurarme de cómo estaba el lugar que posiblemente sería nuestro campo de lucha.

- ¡¡Waaaaaa, mira que preciosidad!! –exclamé al momento al pasar por una de las tiendas-

Me puse de cuclillas frente al escaparate, dando toquecitos suaves con el dedo en el cristal para saludar a la cría de dragón que estaba ahí. Al parecer me vio y empezó a mover las alitas y a girar sobre si mismo, como si estuviera saludándome. Yo por mi parte empecé a jugar con él gestualmente, arrugando la nariz y ladeando la cabeza haciendo muecas divertidas.

Entonces suspiré algo resignada al ver el precio. Me dio pena despedirme del dragón, y éste empezó a lanzar pequeños grititos lastimeros y a raspar el cristal con las pezuñas como si esperara que volviera para jugar con él, o le sacara de ahí.

- Lo siento… pero estoy muy seca de dinero, no puedo llevarte conmigo –le respondí a la cría, dando un último vistazo al escaparate y regresando al lado de Daedalus- Vaya mala suerte, con todo el tema de la misión se me olvidó traer guiles...

Volví a suspirar, la verdad es que no tenía demasiados ahorros. Y los pocos que tenía los usaba para la comida de todos los días en la cafetería de la escuela. De hecho, ahora que me palpaba los bolsillos sólo había traído una moneda de cinco guiles que posiblemente me hubiera sobrado de alguna chuchería que me había comprado.

Seguimos mirando las tiendas, y de nuevo nos volvimos a detener frente a otra, ésta vez era de uniformes. Me paré frente al escaparate, observando con gesto pensativo. Habían de todo tipo, incluso de SOLDADO. Escuché a Daedalus tras de mi preguntándome si había visto algo interesante, pero no le respondí. Había visto el precio de los uniformes. ¿Cinco guiles cada uno?

- ¡Ven! –le cogí de la mano de repente y le arrastré al interior de la tienda- ¿Tienes algún guil encima? He tenido una idea.

Al entrar, me paré directamente frente a los uniformes de SOLDADO. Los examiné y pude comprobar que estaban en bastante mal estado, algunos incluso tenían jirones.
Cogí uno de los cascos, el cual casi había perdido el brillo y me lo puse sobre la cabeza, mirando a Daedalus con una sonrisa divertida sin dejar de sujetarlo, ya que me venía algo grande. Por su cara de expectación, solté una risa.

- Necesitamos un seguro de vida –respondí divertida y le puse el casco a él- Perfecto –sonreí satisfecha y se lo quité, apartándolo a un lado para separarlo del resto-

Entonces me incliné hacia él y me acerqué a su oído mientras le susurré de manera que sólo él pudiera oírme.

- Escucha, bssbsbsbsbs… entonces… bsbsbsbs… y cuando… bsbsbsbsbs… ¿qué te parece?

En el momento en que le estaba terminando de contar mi idea, apareció el dueño de la tienda, así que rápidamente me quedé mirándole.

- ¿Buscaban algo, jovencitos? –preguntó el hombre, un señor de pelo y barba castaña, mejillas hinchadas y tripa cervecera-

- Disculpe pero… ¿porqué éstos uniformes de SOLDADO son tan baratos? –pregunté intrigada por el precio, pues pocas cosas eran más baratas-

- Ahh… esos son uniformes que han llevado anteriores SOLDADO caídos en batalla, o simplemente vienen a comprar un uniforme nuevo, y dejan el viejo aquí –explicó el hombre- Por eso algunos están tan raídos. Y para no tirarlos, los reciclo y los revendo. Pero si lo que buscan es un buen uniforme de SOLDADO, les aconsejo que se prueben estos recién sacados de fábrica que…

- No –le interrumpí amablemente- De hecho, éstos uniformes viejos es lo que estábamos buscando –sonreí- Los queremos para… una especie de festival.

Unos uniformes demasiado nuevos podían pasar por sospechosos. Y unos que ya habían sido usados darían la impresión de que pertenecíamos al cuerpo de SOLDADO desde hacía un tiempo. Además, posiblemente los primeros al ser nuevos eran muchísimo más caros, lejos de nuestro presupuesto.

- Aunque… me pregunto si tendrá alguno que se me ajuste bien. No muy largo, pero que no quede muy ajustado… ya sabe –comenté como quien no quiere la cosa- Y bueno, con él… -dije mirando a Daedalus con una sonrisa y dándole unas palmaditas en las chocolatinas que tenía por abdomen- …con él no tendrás problemas, tiene un cuerpo perfecto modelo estándar –bromeé-

Cuerpo perfecto en todos los sentidos posibles habidos y por haber.

- Mmm… sí, no se ven muchas mujeres SOLDADO por aquí. Y creo que todos los uniformes que tengo son masculinos, pero creo que podré hacerte un apaño –contestó el hombre, mientras empezó a mirarnos a ambos para calcularnos las medidas-

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Daedalus el Sáb Mayo 02, 2009 7:18 pm

- Sí, habrá que amoldarse queramos o no. Me da pena porque ya no tendremos intimidad -. Dijo ella, entre palabras en forma de broma y otras de forma más seria… aunque en el fondo a él le pareció que iba completamente en serio.

Sakima se acomodó un poco en el sillón, mientras Daedalus dejó mostrar una media sonrisa de impotencia ante sus palabras… Realmente él opinaba lo mismo, pues aunque era innegable el deseo de poder lleva a cabo aquella misión juntos, pero por otra parte sabía de sobra que echaría mucho en falta aquellos momentos en los que no importaba nada más que el hecho de estar juntos, el quedarse abrazados en un mar de caricias donde el resto del mundo simplemente no existía.

- Bueno, eso es verdad… y es una pena, pero podemos buscarle el lado positivo -. Comentó él con tranquilidad, regalando una suave caricia en la mejilla de ella – Cuando volvamos de la misión, retomaremos la intimidad con aun mayores ganas -. Añadió, sonriéndola y terminando la caricia de la mejilla en un suave pellizquito en la barbilla.


Daedalus sintió que ella estuvo todo el viaje bastante ida y ensimismada, entre algún apesadumbrado suspiro; había notado que había algo que la preocupaba bastante, aun tratando de no aparentarlo o conservarlo dentro de si misma, pero él llegó a notarle aquella preocupación fácilmente… pese a todo prefirió no preguntar directamente, pues lo último que quería era preocuparla más o ponerla en un compromiso.
Tan solo podía esperar a que se recuperase o por ella misma llegase a contarle lo que le pasaba.

- No le des muchos mimos que luego se acostumbra, es como un niño caprichoso. Gracias -. Dijo ella en el momento que Daedalus la acogió entre sus brazos, cómo una forma de preocuparse por ella, de decirle que la cuidaría y que quería que estuviese bien… pero sin usar las palabras para ello.

El joven se quedó sonriéndola mientras le seguía dando caricias y mimos por la tripita, junto a algún beso sobre el cabello… Era uno de esos momentos que no querían que terminase nunca, queriendo únicamente poder permanecer abrazado a ella de por vida, sentir su tacto, su cariño, todo lo que le daba día a día, cada vez más…

“… cuan maravillosa era, cuan perfecta, ideal… Sencillamente, no existía la manera de agradecer a la vida el don de poder tenerla a su lado…”

Le agradaba el simple hecho de sentir que estaba mejor entre sus brazos, que parecía calmarse un poco y sentirse mejor… Sabía que eso no iba a ser suficiente para poder quitar todas sus preocupaciones, pero con al menos tranquilizarla ligeramente durante un rato, a él le valía de momento.

- Bueno, por eso no te preocupes… antes se cansará él de recibirlos, que yo de dárselos -. Contestó el joven con cariño en cada una de sus palabras.


- Vaya, eres un chico muy organizado, eh? En marcha entonces -. Dijo ella sonriendo mientras miraba el mapa sobre las manos del paladín.

Daedalus la sonrió sin añadir nada, antes de ponerse en marcha hacia Midgar, una vez ya habían desembarcado en la orilla y el barco que los había transportado ya se estaba alejando de allí.
Caminaron durante largo rato, tras lo que llegaron a Midgar, donde tuvieron el ya citado incidente con el guardia de la ciudad, pero que sin mucha complicación lograron salvar y seguir adelante.

- Cierto, sólo estamos de visita ¿Entonces nos dejarás pasar? -. Dijo Sakima al guardia, acompañando sus palabras de una angelical sonrisa capaz de derretir el corazón de cualquier persona, sumándole además un picaresco guiño con el ojo.

Daedalus sabía que no se trataba de más que una estratagema, cómo era evidente, por lo que tampoco le dio más importancia de la que tenía y consiguieron andando una vez el guardia les dejó pasa.
Caminaron ciudad adentro, sin prisa ni lentitud, prestando atención a lo que les rodeaba, aunque el joven no pudo evitar realizar un comentario una vez quedaron a suficiente distancia del vigilante que los había dado paso a regañadientes.

- ¿Sabes que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, no? -. Dijo Daedalus, mirando a Sakima con cierta seriedad, cómo si estuviese hablando de algo serio o incluso grave - … Cómo sigas sonriendo así a la gente terminarás adueñándote de medio mundo, dudo que exista alguien capaz de resistirse a esos encantos -. Añadió, dejando claro que estaba bromeando con una risa al tiempo que le regalaba una caricia dulce y suave en el rostro a ella.


- ¡Vayamos al Sector 6! Ahí está el Mercado Muro, podemos ver algunas tiendas -. Dijo ella cuando llegaron a una de las bifurcaciones, después de saber que tenían tiempo de sobra para poder inspeccionar un poco más la ciudad.

Daedalus no tenía inconveniente, al contrario, le agradaba la idea de poder compartir a su lado de esos últimos momentos que tenían de estar tranquilos antes que la parte dura de la misión diese comienzo.

- No conozco la ciudad, así que adelante, eres la guía -. Dijo Daedalus sonriéndola mientras le daba un muy suave empujoncito en la espalda con las manos, cómo incitándola a que le mostrase la ciudad.


El joven miraba a su alrededor por los suburbios de Midgar, sin que nada concreto llamase su atención, pero aun así percatándose de todo. Le gustaba ver mundo, había visto bastante durante su vida, pero lo cierto era que jamás había viajado a aquella ciudad… Probablemente no se parecía a nada que hubiese podido ver en otra parte.
Tenía una apariencia industrial en general, pero aun así en contraposición a eso disponía de una distribución por niveles más propia de ciudades feudales; de momento en los suburbios abundaba la pobreza, con numerosos mercados y rastros de todo tipo, así como chatarrerías, etc. De todos modos había gran actividad por todas partes, gente intercambiando objetos, regateando… bastante ajenos de los niveles superiores, que sin duda estaban reservados para la gente adinerada.

- ¡¡Waaaaaa, mira que preciosidad!! -. Dijo de pronto Sakima, ante lo que Daedalus se sobresaltó un poco sin saber lo que ocurría.

Ella ya se había acercado a uno de los escaparates de una tienda, una al parecer de animales y todo tipo de mascotas. Ella se quedó un rato jugueteando con una cría de dragón a través del cristal del escaparate, haciendo buenísimas migas. El paladín se apoyó en la pared, de lado y brazos cruzados, viendo con una amplia sonrisa la felicidad con la que Sakima jugaba con aquella cría.

- Parece que le has caído muy bien… a ver si me tengo que poner celoso -. Comentó él, bromeando mientras reía un poco.

Se le ocurrió mirar el precio de aquella mascota, pues tuvo la idea de comprársela a modo de regalo para ella. Sólo con lo feliz que la veía mirándola al otro lado del cristal, sabía que sería un regalo fantástico… pero por desgracia su presupuesto no se acercaba ni de lejos al precio que tenía.
Suspiró un poco, lamentándose por ello, al tiempo que Sakima hacía parecido cómo si también hubiese tenido la idea de comprarse la mascotita.

- Lo siento… pero estoy muy seca de dinero, no puedo llevarte conmigo. Vaya mala suerte, con todo el tema de la misión se me olvidó traer guiles... -. Dijo ella resignada, antes de acercarse de nuevo a Daedalus.

Daedalus no dijo nada más. Le habría gustado decirle que algún día volvería a comprarle aquella cría de dragón cómo regalo… pero si se lo decía no sería una sorpresa. Prefería guardárselo cómo secreto, y más adelante cuando tuviese dinero suficiente volver a aquel lugar para poder hacerle aquel regalo que estaba seguro tanta ilusión le haría.


Después simplemente siguieron mirando tiendas entre los dos, sin llegar él a ver nada que le llamase la atención, aunque eso seguramente era porque la mayoría del tiempo dedicaba su atención más a mirar a Sakima, a encandilarse de su belleza, de simplemente quedarse mirándola… que de fijarse en las tiendas de su alrededor.

- ¡Ven! ¿Tienes algún guil encima? He tenido una idea. -. Dijo de repente, volviendo a sobresaltar al paladín un poco mientras ella tomaba su mano y lo arrastraba hasta una tienda de al lado.

Algo extrañado, se dejó llevar sin decir ni mu, mientras ella parecía muy decidida a la idea que se le había ocurrido. Casi cómo una escena cómica de dibujos animados, donde ella entraba a todo correr en la tienda y él era literalmente arrastrado de la mano.

- Sí, he traído… -. Dijo él mientras sacaba una pequeña bolsa y miraba en su interior - … unos cinco guiles nada más -. Respondió él, una vez dentro de la tienda.

Se quedó contemplando toda la tienda, parecía de disfraces… o más bien de uniformes. Había trajes de todo tipo, perfectamente ordenados en una gran cantidad de estanterías y baldas por todas partes de la tienda… Sakima ya se había detenido en una sección donde había unos uniformes de SOLDADO, usados de antemano e incluso en mal estado, pero que daban bastante el pego.
La mente de Daedalus comenzó a trabajar, enlazando los acontecimientos, y no tardó en hacerse una ligera idea de lo que ella estaba tramando.

- Necesitamos un seguro de vida -. Dijo ella, cómo explicación, mientras comprobaba algunas partes de los trajes.

La joven cogió un casco del uniforme y se lo puso al paladín sobre la cabeza, quien se limitaba a quedarse quieto algo sorprendido de todo aquello. El casco no era muy cómodo para ser sincero, además de dificultar bastante la visibilidad, pero al menos resultaba bastante ligero y se ajustaba bien.
Acto seguido, Sakima se inclinó para acercarse a su oído y susurrarle algo que tan sólo ellos pudieron escuchar. Escuchó atentamente todo lo que ella decía, asintiendo levemente ante las ideas que le contaba… la verdad es que le había gustado bastante el plan que ella sola había trazado.

- ¿Buscaban algo, jovencitos? -. Preguntó el dependiente, una vez los vio probar aquellos trajes y hablar en susurros.

Daedalus dejó que ellos dos hablasen tranquilamente y debatiesen sobre los uniformes, acerca de si comprar o no unos nuevos… Unos tan desgastados también podrían llamar la atención, pero lo cierto era que fuera cómo fuese no tenían dinero para unos trajes nuevos, además de que siendo nuevos probablemente necesitarían algún tipo de certificado o identificador.
Dudaba al menos que vendiesen uniformes nuevos de SOLDADO a cualquiera que pasase por allí.


Una vez terminaron de hablar, el dependiente tomó las medidas de ambos con la mirada, lo que demostraba bastante experiencia en su trabajo. Tras ausentarse un par de minutos, el hombre volvió con un par de uniformes, uno de ellos con un par de apaños para que a Sakima le quedase bien, ya que por lo que había comentado no tenía uniformes de mujer.

- Bueno… vamos a probárnoslo entonces -. Dijo Daedalus, con el traje sobre los brazos.

Miró detrás de él y había un único probador en toda la tienda, por lo que educadamente dejó que Sakima entrase primero a vestirse con el traje. Se quedó a un lado del mismo, esperando a que terminase de vestirse.
Cuando salió ya “disfrazada” de SOLDADO, Daedalus no pudo evitar dedicarle una larga mirada de arriba abajo para contemplarla enterita… los apaños del dependiente habían quedado más que de maravilla, con lo que aquel traje resaltaba cada curva y forma de su cuerpo a la perfección. Sin darse ni cuenta el joven ya se había quedado algo embobado mirándola… para agitar un poco la cabeza y volver en sí.

- Incluso con un traje de estos resultas más que impresionante -. Dijo él, un poco a modo de broma, aunque sus palabras fuesen de lo más ciertas.

Pasó él dentro del vestidor, cerrando la cortinilla detrás de si y después empezando a quitarse la ropa hasta quedarse en ropa interior con el torso al descubierto. Se pasó la mano por el pecho desnudo, comprobando cómo alguna herida de combates pasados ya había quedado sanada casi al completo; en cambio su brazo izquierdo aun tenía varias heridas bajo vendajes del combate contra Sakima, cuando incontables astillas y estacas de madera se incrustaron por todo su brazo. No queriendo pasar más tiempo pensando en aquello, cogió el uniforme y comenzó a vestirse con él; resultaba algo incomodo, hecho de algún material no muy bueno y un poco áspero, aunque podría soportarlo.
Terminó de equiparse al completo, dejando el casco aun sin ponérselo, agarrado por la mano. Finalmente salió del probador y colocó su espadón a la espalda, guardando su otra ropa en una pequeña mochila que llevaba consigo.

- Son cinco guiles por cada uno -. Dijo de pronto el dependiente, cómo si temiese que pudieran irse sin parar.

Daedalus se acercó al mostrador y vació su pequeña bolsa de dinero sobre el mismo, dejando exactamente cinco guiles, todo lo que tenía. Sakima hizo parecido y después se acercaron hasta la puerta para salir de allí.

- Muchas gracias por todo buen hombre, hasta otra ocasión -. Agradeció el paladín, al tiempo que abría la puerta del establecimiento para salir fuera.


Se encontraban ya en la calle de los suburbios, ambos, mirando alrededor. Daedalus se colocó el casco sobre la cabeza; el barullo de la gente quedaba bastante amortiguado al llevar el casco, además de que amplificaba el sonido de su propia respiración.
Ahora debían tener cuidado, ya que tenían que ser conscientes de que a ojos de los demás parecerían miembros de SOLDADO.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Daedalus el Sáb Mayo 02, 2009 7:18 pm

// Respondo con otro post porque el foro no me dejaba meterlo todo en uno, que decía que era demasiado largo xDDD Así que aquí pongo la continuación >.<


- Ya se nos hizo un poco tarde, creo que será mejor dirigirnos ya a nuestro destino -. Comentó Daedalus tras comprobar la hora y otra mirada a Sakima para ver qué opinaba al respecto – Esperemos que todo esto salga bien, la verdad es que ha sido una buenísima idea -. Añadió – Pero cuando salgamos de estos trajes te tendré que echar un poco en cara lo que pican estas ropas -. Dijo finalmente, bromeando entre risas.

El joven se quedó en mitad de la calle mirando en varias direcciones, por si algún cartel o señalización hacía mención de la dirección a tomar para llegar al distrito 8 de Midgar. Efectivamente había un cartel algo roñoso y mal cuidado que indicaba la dirección, pero prefirió que Sakima lo confirmase.
Una vez lo hiciese, se pusieron en marcha hacia el verdadero objetivo de la misión.

- Bueno… vamos al Distrito 8 entonces -. Dijo él mientras revisaba un momento los papeles e informes de la misión – Desde aquí no deberíamos tardar mucho en llegar ya, así que si no me equivoco debemos de estar en hora -. Añadió.

Caminaron juntos, algo callados debido a que debían ir mentalizándose sobre la misión que tenían por delante. Parte de nerviosismo, parte de impaciencia por que llegase el momento de la acción, de comprobar de qué eran capaces de hacer juntos en una misión… de demostrar al mundo que mientras estuviesen juntos serían capaces de hacer cualquier cosa.


Entraron en el Distrito 8, un cartel algo descuidado lo indicaba al menos, donde Daedalus se paró a buscar el lugar indicado por los informes. Echaron a andar, adentrándose un poco en aquella zona de los Suburbios, hasta que finalmente al lado de un riachuelo algo sucio encontraron una alcantarilla de tamaño grande con un gran cartel que indicaba “Cerrado por Reformas”.

- Parece que ya hemos llegado… -. Dijo Daedalus mientras confirmaba los papeles un último momento – Bajo esa alcantarilla está nuestro destino, debería de haber alguna entrada con un panel informático o algo similar -. Comentó el joven, mientras observaba la alcantarilla desde un lado.

Se agachó en el suelo, clavando una rodilla en el suelo, para agarrar la manilla de la tapa de la alcantarilla y retirarla tirando de ella con fuerza. La tapa se abrió lentamente, para dejar libre un aire viciado y algo maloliente, de los alcantarillados. Era cómo si el propio olor les golpease en la cara al abrir la alcantarilla.

- Yo que esperaba que lo más desagradable de la misión iba a tener que ser llevar estos trajes… -. Dijo él, en broma, aunque en el fondo fuese verdad – Bueno, veamos que nos encontramos ahí abajo -. Concluyó, antes de empezar a bajar por la escalerilla de la alcantarilla.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Sakima el Dom Mayo 03, 2009 3:13 am

- Bueno, eso es verdad… y es una pena, pero podemos buscarle el lado positivo. Cuando volvamos de la misión, retomaremos la intimidad con aún mayores ganas –respondió mientras aún seguíamos juntos en aquel sillón-

Aquello me hizo soltar una pequeña risa entre diversión y burla, para torcer un poco la cabeza y mirarle. No quería despegarme de él de ninguna manera, y si no fuera porque teníamos una misión de por medio, me hubiera quedado toda la vida en aquella posición, en medio del océano, en el centro de ninguna parte.

- Te tomo la palabra, eh? –le aseguré, levantando una ceja mientras le miraba con interés- Y como se te olvide, seré yo la encargada de recordártelo.

A pesar de que tantas horas en el barco ya me habían acostumbrado al suave bamboleo de éste, mi cuerpo todavía deseaba pisar tierra firme de manera casi desquiciada. Aparte de todo sentía una especie de claustrofobia al encontrarme en aquel lugar.
Desde siempre no toleraba que se me encerrara en ningún lugar. Me ponía nerviosa saber que no podía ir a ningún sitio, que mi espacio de movimiento se limitara a un par de metros, e hiciera lo que hiciera, no podía ir más lejos de eso.

Pero de algún modo, el estar al lado de Daedalus de aquella forma me hacía olvidarlo todo. Olvidar que estaba en aquel barco, conseguía meterme en nuestro mundo particular y despejar cualquier molestia.

Y cuando quise darme cuenta, ya estábamos en la costa de Midgar. El tiempo voló especialmente rápido. A partir de ahora, todo quedaba en nuestras manos. El éxito de la misión descansaba en su responsabilidad y en la mía. Y por supuesto, la vida de nuestros… súbditos por así decirlo, también corría bajo nuestro cargo.
Era nuestra primera misión como SeeD, pero empecé a sentirme como si ya hubiera tenido experiencia anterior en cosas como ésta. Empezaba a sentir el peso de lo que conllevaba tener el rango de SeeD. Ahora no se trataban de simples heridas en entrenamiento… ahora habían vidas en juego.

Por suerte, la ciudad no estaba demasiado alejada de la costa. Sólo había que cruzar una especie de bosquecillo, una pradera pequeña y ahí estaba la estructura circular tan peculiar de Midgar.
Nos habían dicho que nuestro punto de reunión se encontraba en los
suburbios, por lo que tuvimos que descender a la parte baja. Y tras superar fácilmente el obstáculo del guardia, entramos en la zona inferior de la ciudad.

- ¿Sabes que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, no? –dijo Daedalus al cabo de un rato, cuando apenas diez o veinte metros nos separaban del guardia-

Torcí la cabeza hacia él y comprobé que estaba bastante serio, más incluso de lo normal. Vaya, ¿acaso era por culpa de la misión o algo así? Sabía que ahora teníamos un peso encima bastante importante, pero tampoco había necesidad de poner aquella cara…

- Como sigas sonriendo así a la gente terminarás adueñándote de medio mundo, dudo que exista alguien capaz de resistirse a esos encantos –añadió luego al tiempo que soltaba una risa-

Sonreí y puse los ojos en blanco, negando levemente con la cabeza. Tanto misterio y tanto secretismo para decirme aquello. Claro que sí, se trataba de Daedalus. Siempre tenía algo que decir… tendría que habérmelo imaginado.

- Oh, ¿en serio? No me digas… -le tomé del brazo cariñosamente y me acerqué a él lanzándole la mirada más tierna y arrebatadora que pude formar a propósito durante unos segundos- Lástima que éstos ojos sólo alcanzan su máximo poder cuando van dirigidos a cierta persona… –añadí luego sonriendo divertida y dándole un leve mordisquito en la oreja-

Estaba planeado que llegásemos al lugar de reunión sobre las cinco y media de la tarde, y apenas eran las cinco menos cuarto. Teníamos como cuarenta minutos de tiempo libre. Suficiente como para darse una pequeña vueltecita por los suburbios antes de ponernos realmente en serio.

Me hizo gracia el comentario que me dijo sobre la guía, y acepté de buena gana. Al parecer él nunca había visitado esa ciudad, y yo… bueno, quizás a lo máximo unas seis o siete veces, nada más.
La última había sido apenas unos meses, antes de partir hacia Akademeia. Había recorrido el camino a la inversa… desde la ciudad al muelle, cuando ahora era desde el muelle hasta la ciudad.

Los suburbios no habían cambiado demasiado. Todo estaba igual… los montones de basura y de restos de maquinaria inservible incluso estaban en el mismo sitio.
Algunos ciudadanos, en los sectores más pobres, incluso acondicionaban un pequeño mostrador compuesto por dos bidones de pintura y una tabla de madera encima en donde colocaban sus artículos para canjear por un par de guiles. Algunos usaban su propia caravana como tienda.

Pero aparte de la pobreza que ahí se podía notar, la gente era amable. Había algún que otro ratero que se dedicaba a robar dinero a los transeúntes por el único motivo de alimentar a su familia. Los niños corrían de un lado a otro, jugando… mientras otros se dedicaban a cultivar pequeñas flores usando cascos de SOLDADO como macetas.

Al llegar al Mercado Muro, sin embargo, el ambiente era mucho más animado. Podía verse gente y guerreros de otras comarcas, incluso vieras, bangaas, ronso y moguris caminando entre las calles, entre otras razas. Y por supuesto, algún que otro SOLDADO.

El tiempo para estar a solas con Daedalus, aunque fuera en aquella parte de la ciudad, se agotaba. Ya habíamos gastado alrededor de un cuarto de hora simplemente paseando por los distintos sectores de los suburbios. Por un momento deseé tener más tiempo.

- Parece que le has caído muy bien… a ver si me tengo que poner celoso –dijo él entre una risa-

Le acompañé con otra carcajada. Pero era en serio que me había encariñado con aquella cría de dragón. Parecía muy simpática, y nos habíamos caído bastante bien.

- No hay porqué ponerse celoso
–reí un poco- ¿Has visto lo que cuesta? Deberías alegrarte, eso significa que seguirás siendo el único al que le de mimos –le saqué la lengua-

Me daba algo de pena que un cristal nos separara… e incluso pensé en entrar a la tienda para observarla más de cerca y juguetear otro poco más con ella, pero sabía que no teníamos demasiado tiempo.
Y menos para algo que me era presupuestariamente imposible de comprar. Las mejores cosas siempre son las más caras… en fin. Sólo esperaba que cualquiera que fuera la persona que la adoptara, la cuidara bien.

Después de pasear por el mercado y ver los escaparates de un par de tiendas, finalmente entramos en la sastrería de los uniformes. Ni siquiera le expliqué lo que se me pasaba por la cabeza en ese momento, así que prácticamente le entré arrastrando por la puerta.

- Sí, he traído… unos cinco guiles nada más –me respondió luego de comprobar su bolsita-

Genial, no era más de lo que necesitábamos. Entonces podíamos comprar un uniforme para cada uno. El plan podía desarrollarse bien.

Después de contarle todo lo que había pensando, fuimos interrumpidos por el hombre encargado de aquella tienda. Nos miró por encima para calcular más o menos nuestra talla, y tras sonreír un poco, fue a un almacén trasero que tenía tras una cortina algo roída y desgastada. Volvió con dos uniformes, uno en cada mano, y nos entregó uno a cada uno.

No me hizo falta apenas girarme para darme cuenta que era una tienda suficientemente pequeña como para que tuviera solamente un probador. Qué se le va a hacer, tendríamos que ir por turnos. Y tan educadamente como siempre, Daedalus me cedió entrar a mi primero.

- Lástima que el probador sea tan pequeño… -dije casi apesadumbrada, dando un deje de segundas intenciones en ese comentario, mientras pasaba al lado de Daedalus dándole una rápida mirada traviesa-

Entré en aquel pequeño habitáculo y cerré la cortinilla. Me dispuse entonces a sacarme la ropa con cuidado, pues los vendajes aún seguían cubriendo mi cuerpo. Desnuda y únicamente con la ropa interior y las vendas sobre mi cuerpo, procedí a pasar las yemas de los dedos por el tajo que me cruzaba el torso.
Las vendas ni siquiera estaban manchadas de sangre a pesar del tiempo que había transcurrido, así que supuse que las heridas estarían cicatrizando bien. Me moví un poco para comprobar que ya no me dolía, y aunque sentí leves pinchazos en las zonas que habían sufrido mayores golpes, no era suficientemente importante como para preocuparme o molestarme durante la batalla.

Suspiré y cogí el uniforme de SOLDADO. Antes de ponérmelo, quería examinarlo… para ver cómo debía ponérmelo. No fuera que me lo pusiera al revés, o metiera los brazos por donde no debía de meterlos.

- Esto es más… difícil de poner… que un kimono ceremonial –protesté desde dentro, haciendo varias intentonas de colocarlo en su sitio-

Pero finalmente logré ajustarlo bien. Se veía que había pertenecido a un SOLDADO de complexión pequeña, por lo que me quedaba prácticamente bien. Y la parte de arriba se ajustaba cómodamente a mi contorno, ni muy apretado ni tampoco demasiado suelto.

- Incluso con un traje de éstos resultas más que impresionante –me respondió Daedalus una vez salí del probador. El hombre pareció estar de acuerdo con él, orgulloso de ver que sus apaños habían quedado en la justa medida-

Sonreí agradecida, dándole el turno a él para que se cambiara. Mientras, metí mi ropa en la bolsita que traía y esperé a que saliera, rascándome de vez en cuando aquellas partes más ásperas, o tratando de ajustármelo mejor.
Finalmente, Daedalus también salió del probador, y le examiné como quien observa una obra de arte a conciencia.

- Ahora sí formamos el sexy dúo perfecto –bromeé un poco, no pudiendo evitar embelesarme con aquella visión… le quedaba realmente bien-

Llegó el momento de pagar, y con pesar me desprendí de los últimos cinco guiles que tenía encima. Se acabó el dinero, ya no había más… pero era eso, o correr peligro en medio de la misión, al menos con estos uniformes teníamos alguna posibilidad en el momento más oportuno.

Salimos de la tienda, dispuestos a retomar el camino. Me recogí el pelo
ágilmente con una mano dándole un par de vueltas sobre sí mismo, para luego colocarme el casco encima. Daedalus también se lo puso, por lo que ahora éramos unos completos miembros de SOLDADO. Los cascos nos tapaban prácticamente hasta la nariz, dejando una incómoda rendija a la altura de los ojos que no daba una visión especialmente deslumbrante de todo lo que ocurría alrededor.

- Wow… quienes son SOLDADO antes seguro tuvieron que hacer un cursillo intensivo sobre cómo ver con estas cosas… qué incomodidad, por dios –protesté-

Pero lo que decía Daedalus era cierto. El tiempo que invertimos en la tienda de uniformes se había acortado bastante. De todas formas, aún nos sobraban unos diez minutos, así que llegaríamos a tiempo, justo a la hora prevista al lugar de reunión.

Andamos de nuevo entre las calles de la ciudad para dirigirnos al Sector 8. No había visitado demasiado aquel lugar puesto que estaba algo abandonado y mayormente lleno de construcciones algunas sin terminar o abandonadas.
Pasamos bastante desapercibidos por el camino, al parecer porque los ciudadanos ya estaban bastante acostumbrados a ver SOLDADOS patrullando entre las calles.

Y finalmente llegamos hasta una zona en donde un cartel bastante desgastado podía indicarnos un “ocho”, al lado de la palabra casi incompleta por el paso del tiempo “Sector”.
Tras observar los alrededores, finalmente dimos con la alcantarilla bajo un letrero que decía “Cerrado por reformas”. Daedalus abrió la alcantarilla mientras yo vigilaba que nadie pudiera vernos. Por suerte en ese momento no pasaba ni un alma por aquel callejón.

Y al abrir la alcantarilla, un hedor a mier… sí, bueno, a cloaca, nos golpeó la nariz de forma tan brutal, por lo menos a mí, que incluso me hizo apartar un poco la cabeza.

- ¿Cómo puede vivir esta gente aquí abajo? –me pregunté en voz alta a mí misma con un claro signo de molestia en el rostro-

Resignada a tener que bajar por aquella escalerilla, Daedalus fue el primero en internarse en el tubo de la cloaca. Inmediatamente le seguí yo, no sin antes aspirar la última bocanada de aire medianamente puro para luego cerrar la puerta nuevamente y descendiendo un par de metros hasta pisar de nuevo tierra firme.
Al llegar abajo, el sonido de nuestras pisadas hacía hueco en aquel lugar, levemente iluminado por algunas bombillas que colgaban sin ningún cuidado de las paredes.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Sakima el Dom Mayo 03, 2009 3:21 am

off: sí... a mi tampoco me cabe el post en uno solo xDDDDD


¿Y se supone que ahora tendríamos que encontrar alguna puerta informatizada y cerrada a cal y canto con contraseña en aquel maloliente lugar? Bueno, al menos era un buen escondite.

- ¡¡AHHH, SOLDADO!! ¡¿¿Qué hacen aquí??!! ¡Nos… nos han descubierto! –chilló una voz-

Al instante nos dimos la vuelta. Una jovencita de más o menos nuestra edad estaba a un par de metros de nosotros, y su cara me sonaba de algo. Tal vez era una de las que estaban a nuestro mando... eso explicó su pose defensiva nada más vernos, posiblemente era una guerrera.

Pero nos miraba con la cara desencajada de puro terror, posiblemente al verse superada en número. Ya había supuesto que nos confundirían con el enemigo.

- ¡Tranquila! –alcé las manos, mostrando que no tenía ningún arma- No somos SOLDADO, somos los SeeD que manda Akademeia para ayudar.

La chica bajó un momento la guardia ya que se había preparado para entrar en combate.

- P-pero… ¡esos uniformes son de SOLDADO! –protestó-

Hablando de uniformes, el mío empezaba a molestarme, por lo menos el casco. Ya habíamos pasado por la calle con ellos puestos, pero ahora que estábamos bajo tierra, supuestamente en el lugar de nuestros aliados, no vi motivos para seguir llevándolo, así que me lo quité dejando que el pelo volviera a caerme hacia los lados. Daedalus al parecer también hizo lo mismo.

- Estos uniformes forman parte de un plan, no te preocupes –le aseguré-

Aunque la chica ya no me miraba a mí, sino a Daedalus, y de una manera casi… posesiva. Aquello me hizo entrecerrar la mirada de manera algo peligrosa.

- Jmm… ¿tienen con qué probarlo? –volvió a insistir la chica con un tono de cierta prepotencia, aunque la entendía puesto que sólo estaba defendiendo su territorio… pero no sé porqué, empezó a caerme algo antipática-

- Tenemos la contraseña –le respondí, no tan amablemente como antes ya que no despegaba los ojos de Daedalus y aquello empezaba seriamente a jorobarme- ¿Podrías conducirnos hasta la base de operaciones… o lo que sea que tengan aquí? Cuanto antes nos organicemos, mejor.

La chica pareció planteárselo un momento. Desde que Daedalus se quitó el casco, yo por supuesto, había pasado a ser un fantasma ahí. Si mis ojos lanzaran cuchillos…

- De acuerdo, pero si la contraseña es errónea lo pagarán con sus vidas –nos aseguró, para luego sonreír y girar medio cuerpo, quedándose en una pose algo provocativa- Sígueme, es por aquí.

Sígueme. Sígueme… ¿dónde estaba el plural ahí?

- Yo la mato n_n –pensé para mi misma, aunque la sonrisa que lancé tras el comentario de la chica fue tan angelicalmente maligna que hasta las ratas volvieron a refugiarse en sus escondrijos-

Nos condujo durante pocos minutos por un laberinto de callejones oscuros y malolientes, hasta finalmente llegar a una puerta metálica, escondida entre una de las paredes de la cloaca, con un panel informático en uno de los lados.

La chica volvió a sonreír y se colocó las manos tras la espalda, dejándonos sitio para que abriésemos la puerta por nosotros mismos.

Me acerqué a dicha puerta y alcé un poco la mano, no sin antes asegurarme el mirar de reojo a la chica para que no hiciera nada sospechoso a Daedalus mientras yo estaba de espaldas. Y entonces, tecleé la contraseña.

L-O-C-K-H-E-A-R-T

Un sonido de “clic” avisó que la contraseña era la correcta a la vez que una luz verde del panel informático se encendía. Ahora sólo nos restaba ver lo que ocurría dentro.

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por AdminX el Miér Mayo 13, 2009 5:39 pm

Dia 1
14.30
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Entrais, dentro están reunidos los muchachos de la ficha y otros cuantos alrrededor de una muchacha con una complexión bastante ferrea. La gente saca todo tipo de armas al veros entrar pero las bajan a un suave movimiento de la chica del centro.

-Ya están aquí...quizas con una ropa algo probocativa pero aquí están...SeeDs.

-No tenemos tiempo, así que no me andaré con rodeos. Se os han asignado un grupo de personas, dividios como gusteis, pero eliminar a toda la escoria SOLDADO que envien mientras nosotros escapamos con las máquinas. Supongo que al principio enviaran una oleada de unos diez soldados de infanteria, como los que guardan las puertas, esos no son SOLDADO, ni tienen mako si quiera, Philips, nuestro artillero jefe descargará una ronda de disparos con su turbo-grifo de precisión. Esperemos que aniquile a todos.


-Hemos guardado otra tirada, así que SeeDs, si teneis problemas gritad "FUEGO DE SUPRESIÓN" y una ola de disparos caerá sobre vuestros enemigos [300 PV de daño a repartir a gusto] tened cuidado. Os enseño el mapa de la zona:



-Nosotros huiremos por el callejón sacando cosas de la Base. Vosotros debeis aguantar en la Plaza. Recordad, al acabad nosotros sellaremos el callejón y nuestros chicos nos seguiran pero vosotros debeis buscaros la vida para salir. El pago ha sido efectuado ya y lo recibireis al llegar a la playa. Aquí teneis el mapa de salida de la ciudad.

-Suerte


Dicho esto los miembros del grupo que os acompañarán forman ante vosotros, entonces se escuchan unos disparos, el tal phillips ya no está entre los reunidos. Más disparos de armas ligeras y luego se escucha un petardeo, como una traca infinita y muchos gritos.

-Es la señal Phillips ha empezado!

Al subir podeis comprobar como está todo lleno de sangre y miembros amputados de unos 15 soldados de Shin-Ra, phillips os informa de que teneis unos 30 minutos antes de que atauqen con su arma más poderosa, los Soldado
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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Daedalus el Jue Mayo 14, 2009 2:24 pm

- Oh, ¿en serio? No me digas… Lástima que estos ojos sólo alcanzan su máximo poder cuando van dirigidos a cierta persona -. Dijo ella mientras le dedicaba una mirada tan dulce y arrebatadora que le habría servido para conquistar el mundo entero, después de tomar el brazo de él y acercarse suavemente, para terminar con un mordisquito leve en la oreja.

El joven la sonrió, embelesado a más no poder, para después darle un suave pellizquito en la mejilla de ella, pero que iba dirigido casi más a forma de caricia que otra cosa.

- En ese caso ya sabes lo que debes hacer… no querríamos que esos ojos no trabajasen a su máximo potencial -. Añadió él, dedicándola a ella una bonita y dulce mirada.


Recorrieron todo el barrio de los suburbios inferiores de Midgar hasta que por casualidad… o por ser arrastrado por Sakima más bien, acabaron en la tienda de uniformes donde Daedalus y Sakima ya se habían agenciado dos nuevos uniformes con los que con suerte lograrían confundir un poco a sus enemigos de SOLDADO hasta que estos descubriesen sus tapadera.
Al menos entre los miembros de menor experiencia era un plan que debería funcionar bien. Sin embargo, quizá cuando apareciese algún oficial de rango mayor las cosas podrían complicarse más. Después de todo tampoco sabían exactamente contra cuantos enemigos tendrían que enfrentarse, ni siquiera de qué tipo serían estos.

- Lástima que el probador sea tan pequeño… -. Dijo ella cuando iba a entrar al probador, dejando un retazo en el aire de segundas intenciones.

Daedalus, a un lado de ella, alzó la mirada al escuchar esas palabras, mirándola directamente para corresponder aquella traviesa y rápida mirada con otra parecida y una sonrisa de medio lado, que venía a querer decir algo así cómo “me lo has quitado de la boca”.

- Bueno, te recordaré esas palabras cuando estemos en un “probador” más grande… -. Bromeó el joven, dejando escapar una suave carcajada.

Sakima terminó de vestirse con aquel traje para dar paso a que el paladín hiciese lo mismo con el suyo. Finalmente ambos estaban ya preparados para partir, cuando Daedalus salió del probador.

- Ahora sí formamos el sexy dúo perfecto - .Bromeó ella nada más su mirada se topó con aquella versión “SOLDADO” de Daedalus.

El joven aun trataba de terminar de ajustarse el uniforme, intentando que se amoldase del todo a su cuerpo. No le resultaba demasiado cómodo, pero creía que acabaría acostumbrándose poco a poco… aunque por otra parte también esperaba que no tuviese que pasar suficiente tiempo vestido con esa vestimenta cómo para que le diese tiempo a poder acostumbrarse a ella.
Ante las palabras de ella, el joven le dedicó una mirada de arriba abajo a ella, a modo de broma, aunque también de forma sincera dado que cómo ocurría siempre con ella… estaba simplemente espectacular, una obra de arte andante.

- No podría estar más de acuerdo -. Dijo él, bromeando también y haciendo una especie de reverencia con el brazo derecho, inclinándose levemente, algo teatral, para a continuación acariciar la mejilla de ella suave y cariñosamente – Bueno, hora de ponerse en marcha -. Añadió, sonriéndola.

Una vez fuera de la tienda Daedalus se colocó el casco, intentando ajustarlo bien, al tiempo que nada más hacerlo desde el interior del mismo pudo ver cómo en ese preciso instante Sakima hacía lo mismo y parecía tener ciertas dificultades para estar a gusto con él.

- Wow… quienes son SOLDADO antes seguro tuvieron que hacer un cursillo intensivo sobre cómo ver con estas cosas… qué incomodidad, por dios -. Protestó ella, algo enfurruñada.

Ella tenía razón. Aquel casco cortaba de lleno gran visibilidad en muchos aspectos y dificultaba la orientación considerablemente. No sabía si se acostumbraría al traje, pero estaba seguro de que aquel casco no podría hacerlo; en cualquier caso igual que le había tocado a ella solo le quedaba aguantarse y tener que soportarlo lo mejor posible.

- La verdad es que tiene mérito sólo el saber caminar bien con estos trastos, sí… pero qué le vamos a hacer -. Protestó él también.


Una vez se pusieron en marcha no tardaron demasiado en llegar a la zona donde estaba indicado que comenzaría la verdadera misión o donde cómo poco les serían entregadas las órdenes directas del grupo de ALUD. El joven abrió la tapa de la alcantarilla, aguantando la respiración ante el maloliente muro que chocó de lleno contra su nariz.

- ¿Cómo puede vivir esta gente aquí abajo? -. Preguntó ella mientras fruncía el rostro.

El paladín puso su mano izquierda delante del rostro para taparse un poco la nariz y la boca mientras con la mirada oteaba la zona inferior. No podía verse nada desde fuera del alcantarillado, tan solo oscuridad y cómo mucho algún tono más claro en el fondo, probablemente cómo efecto de alguna lámpara que pudiese haber allí abajo.
De este modo se agarró a la escalerilla que descendía por aquel lugar, entrando medio cuerpo en el agujero que bajaba hacia las alcantarillas.

- Espero que con muchos ambientadores… pero ahora mismo lo descubriremos -. Dijo él de forma algo irónica a modo de broma, aunque en el fondo aquel olor no le estaba agradando demasiado y sabía que le acabaría dando dolor de cabeza.

Daedalus descendió por la escalera, para justo Sakima empezar a bajar detrás de él y por ello quedando justo encima. El paladín abrió un poco de más los ojos, para después descender la mirada hacia abajo por simple educación… no es que Sakima llevase falda, pero aun así prefería no ser inoportuno.
Así, llegaron ambos hasta aquellas cloacas, donde Daedalus tendió la mano a Sakima para ayudarla a dar el último paso y bajar de la escalerilla hasta el suelo. Delante de ellos había un “riachuelo” de agua verdusca bastante poco apetecible, pero aparte de eso no se veía nada más que pudiese llamar la atención o indicar algo.
De forma laberíntica, las cloacas tenían numerosos caminos y conductos, todos ellos sin ningún tipo de indicación al respecto, lo que hacía que fuera necesario algún tipo de mapa para atreverse a adentrarse por aquellos caminos. Pese a todo, no tenían un mapa y tampoco tenían otra elección… tendrían que intentarlo.

Para bien o para mal, la suerte los sonrió y no fue necesario perderse por ningún sitio.

- ¡¡AHHH, SOLDADO!! ¡¿¿Qué hacen aquí??!! ¡Nos… nos han descubierto! -. Sonó un grito a sus espaldas que sobresaltó por completo al paladín.

Daedalus se giró sobre si mismo al tiempo que Sakima también lo hacía, para poder comprobar cómo aquel chillido procedía de una joven que sin necesidad de calcular nada tendría aproximadamente la misma edad que ellos dos. Daedalus no la reconoció, pero no tenía aspecto de ser ningún tipo de ciudadano de las cloacas, por lo que tal vez estaría relacionada con la asociación que tenían que buscar.

- ¡Tranquila! No somos SOLDADO, somos los SeeD que manda Akademeia para ayudar. -. Explicó Sakima con los brazos alzados antes de que aquella joven los llevase a un desastre.

Daedalus iba a hacer justo lo mismo, decirla que se tranquilizase dado que ellos dos eran los SeeDs que habían solicitado, pero ella se le adelantó, por lo que simplemente hizo fue alzar las manos del mismo modo, indicando que no pretendían hacerla nada en absoluto.
El paladín se quedó unos segundos observando los alrededores por si veía algo nuevo. Había unas pocas lámparas de baja intensidad alumbrando algunas zonas, pero a pesar de ello desde allí no era capaz de diferenciar nada; mientras tanto Sakima le explicó a aquella joven que aquellos trajes no eran más que disfraces para intentar engañar al enemigo, momento en el que Daedalus pensó que quizá hubiese sido mejor idea vestirse en la base de ALUD para evitar confusiones.

Fuera cómo fuese parecía que aquella joven se estaba creyendo lo que Sakima le decía, mientras Daedalus sabía que ella podría tener todo bajo control y por tanto no prestó demasiada atención a lo que aquella joven desconfiada podía decir. Entonces, dado que estaban en un lugar donde nadie los podía ver, el paladín agarró el casco y lo sacó de su cabeza, para después agitar ésta un poco a los lados y alborotarse un poco el pelo con la mano, al haber salido de aquella especie de jaula que era el casco.
Nada más hacerlo se fijó que aquella desconocida lo estaba mirando directamente, quizá de forma algo exagerada.

Daedalus alzó levemente las cejas a modo de extrañación mientras desviaba un poco la mirada hacia Sakima, quien de repente tenía una mueca algo extraña también, con los ojos entrecerrados hacia la otra joven.

El paladín, más extrañado ahora, prestó atención de nuevo a la conversación de las dos, sin entender del todo qué era lo que estaba pasando entre ellas.

- De acuerdo, pero si la contraseña es errónea lo pagarán con sus vidas. Sígueme, es por aquí. -. Dijo aquella joven.

- De acuerdo, muchas gracias -. Dijo él.

Daedalus asintió mientras se rascaba un poco la mejilla, para acercarse hacia ella, momento en el que se dio cuenta de que ella se había quedado en una extraña postura, ladeada a medio giro y de forma un poco provocativa. Daedalus sin saber bien cómo reaccionar esperó con un rostro de cierta indiferencia a que ella volviese a caminar para seguirla, aunque le dio tiempo de mirar a Sakima y ver que tenía una sonrisa mezcla de angelical y demoníaca.

El joven se paró un poco delante de ella, para darle una dulce caricia en la mejilla acompañada de una preciosa sonrisa, intentando calmarla un poco. Pareció empezar a comprender más o menos lo que pasaba entre las dos y aunque Sakima sabía más que de sobra que no tenía de qué preocuparse, de alguna forma le gustaba ver ese instinto protector en ella, pues era otra forma de ver lo que él importaba para ella… una forma que desde su punto de vista resultaba casi hasta cómica mientras que desde el de Sakima probablemente no tanto.
Después de todo, aquella misión iba a estar aun más divertida de lo que pensaba en un principio.

Estuvieron varios minutos caminando por los conductos de aquellos pasajes bajo tierra hasta que finalmente se encontraron ante una gran puerta metálica, bastante bien escondida y difícil de encontrar, debido a que no había ningún tipo de referencia posible para recordar su posición allí.

Sakima se acercó hasta la puerta, donde un panel informatizado en no muy buen estado estaba a un lado. Antes de escribir nada, se giró para comprobar que no pasaba nada… La otra joven tenía los ojos clavados en el paladín, mientras éste miraba hacia la puerta, salvo alguna vez concreta que extrañado de sentir la mirada de ella la miraba algo más extrañado aun sin saber ni qué decirle a aquella joven que parecía casi idolatrarlo.
Sin mucho más remedio, cuando la miraba y ella estaba clavando sus ojos en él le devolvía una sonrisa algo indecisa, para después volver a comprobar cómo le iba a Sakima.

Tras un suave sonido metálico, el portón se fue abriendo gracias a varios mecanismos que se pusieron en funcionamiento.
Daedalus empezó a caminar, aunque en ese preciso momento la joven que había actuado de guía se puso a entrar en la base también, quedando al lado del paladín, quien tampoco hizo mucho caso de ello. Así, los tres entraron en la base de ALUD.

Era un lugar algo oscuro, pero lo cierto es que parecía estar aislado por completo de las cloacas. No tenía aquel mal olor del alcantarillado, ni tampoco la apariencia sucia y mugrienta; aunque no fuese un hotel de cinco estrellas, lo cierto es que era un sitio bastante más habitable de lo que esperaba en un principio, más después de comprobar el lugar donde estaba ubicado.

Nada más cruzar unos pocos metros adentro de aquel lugar, numerosos soniditos indicaron a su alrededor que había miembros apuntándolos con las armas, aunque por suerte la joven que caminaba pegada a Daedalus les instó a que las bajasen, explicándoles rápidamente de quienes se trataban.

Era un lugar no demasiado grande, cómo una gran sala sin muchas complicaciones. En algunas partes tenían pequeñas armerías repletas de toda clase de armamento, mucho del mismo probablemente robado o improvisado de cualquier manera, especialmente las armas de fuego.
Al fondo del todo había una zona más amplia que parecía reservada para reuniones o asuntos similares donde había un corro de gente alrededor de una mujer bastante imponente que probablemente sería la líder de aquella organización. Todos permanecían mirándolos mientras se acercaban hacia la zona en donde los estaban esperando.

- Hola, somos… -. Empezó diciendo Daedalus, pero antes de que pudiese continuar la joven que aun permanecía pegada a él lo interrumpió.

- Son los SeeDs que solicitamos, ya han venido a ayudarnos -. Dijo la joven, dedicando de reojo una sonrisa al paladín - Ya están aquí...quizás con una ropa algo probocativa pero aquí están...SeeDs. -. Añadió.

- Sí… mi nombre es Daedalus y ella es Sakima, siento las posibles tardanzas que hayamos podido ocasionar, desde este momento quedamos a vuestra entera disposición -. Explicó él, sin hacer mucho caso de la acosadora que le había salido - ¿Cuál es la situación actual? -. Preguntó, interesado por conocer el estado en el que se encontraban en aquel momento allí.

Varios vocecitas se sucedieron por el corro de gente que los rodeaba, con algunas miradas. Cuchicheos y algunos susurros, comentando cosas acerca de los dos SeeDs que habían acudido a ayudarlos; a algunos les parecerían poca cosa, a otros mucha… quien sabe, a Daedalus todo aquello le traía sin cuidado, tan solo deseaba empezar la misión para así poderla acabar cuanto antes.
Y de paso al empezar el ataque aquella joven podría dejarlo respirar un poco en paz, pues desde que apareció a duras penas se apartó de él y cada vez con más cercanía.

- No tenemos tiempo, así que no me andaré con rodeos. Se os han asignado un grupo de personas, dividíos como gustéis, pero eliminar a toda la escoria SOLDADO que envien mientras nosotros escapamos con las máquinas. Supongo que al principio enviaran una oleada de unos diez soldados de infantería, como los que guardan las puertas, esos no son SOLDADO, ni tienen mako siquiera, Philips, nuestro artillero jefe descargará una ronda de disparos con su turbo-grifo de precisión. Esperemos que aniquile a todos -. Explicó aquella mujer.


// Continuará... chan! chan! chan! xD

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Re: Entrando en Midgar

Mensaje por Daedalus el Jue Mayo 14, 2009 2:27 pm

// Lo dicho, que una vez más no me deja meterlo todo en un solo post, así que aquí pongo la segunda parte, lo siento xD


Daedalus fue asintiendo a lo que ella, tratando de memorizarlo todo. Por lo que parecía no estaban mal organizados ni tampoco les faltaba preparación, además de que la mujer que los lideraba parecía tener suficiente carisma y mandato cómo para no ser una mala líder con lo poco que había visto de ella de momento.

- Hemos guardado otra tirada, así que SeeDs, si tenéis problemas gritad "FUEGO DE SUPRESIÓN" y una ola de disparos caerá sobre vuestros enemigos, tened cuidado. Os enseño el mapa de la zona: -. Añadió ella, antes de sacar un mapa algo improvisado que acercó hasta ellos.

Daedalus cogió el mapa con ambas manos para analizarlo. Estaba hecho a mano algo de prisa pero tenía indicaciones y pensaba que sería suficiente cómo para poder hacerse una idea bastante aproximada del campo de batalla donde se encontrarían. Se quedó unos segundos analizándolo y comprobando las ventajas y desventajas de aquella situación, así cómo tratando de buscar posiciones ventajosas.

- Nosotros huiremos por el callejón sacando cosas de la Base. Vosotros debéis aguantar en la Plaza. Recordad, al acabad nosotros sellaremos el callejón y nuestros chicos nos seguirán pero vosotros debéis buscaros la vida para salir. El pago ha sido efectuado ya y lo recibiréis al llegar a la playa. Aquí tenéis el mapa de salida de la ciudad. -. Explicó ella finalmente.

Daedalus volvió a asentir mientras guardaba el mapa después de dejar que Sakima le echase también un vistazo todo el tiempo que necesitase. No parecía demasiado complicado, pero de momento era mejor que tratasen de ser prudentes y por tanto prepararse para lo peor.
El paladín se aseguró de llevar todo el equipo consigo y estar preparado para empezar cuanto antes, momento en el que se acordó que tenían que repartirse el mando de varios miembros de ALUD que dejarían a su disposición. El joven miró a los cuatro que la líder les había indicado, entre los que se encontraba su “amiga”.

- Está bien, tú y tú, venid conmigo, los demás estaréis a las órdenes de Sakima -. Dijo Daedalus, señalando a uno que parecía un soldado y otro que por la baraja de cartas que llevaba probablemente sería un tahúr.

- No, no, así estará muy descompensado… mejor voy yo contigo y Rony que vaya con ella, así iremos mucho mejor -. Añadió la joven que los había acompañado hasta la base.

Daedalus miró hacia Sakima algo resignado, pero tampoco pensaba discutir. Mientras no resultase una molestia en medio del combate y fuese alguien competente no le importaba que estuviese con él, al contrario, de cara a la lucha estaría más que encantado de tener bajo su mando a gente capaz, fuesen quienes fuesen.

- Está bien, entonces así nos quedamos…. -. Corrigió Daedalus.

- Gilda -. Dijo ella, revelando su nombre con una sonrisa.

El paladín asintió educadamente a modo de reverencia rápida, para después comprobar que todo el mundo estuviese ya listo y preparado. Se dirigió entonces un último momento hacia la líder de ALUD, quien parecía disponerse a decir unas últimas palabras.

- Suerte -. Dijo ella, ante lo que los cuatro miembros de ALUD quedaron listos y a punto para comenzar. Fuera en algún lugar se escucharon una serie de disparos - ¡Es la señal Phillips ha empezado! -. Añadió. La acción había comenzado.

Daedalus miró a un lado, una de las puertas que les haría llegar a la zona exterior en donde tendrían que detener el paso de los enemigos para dar el máximo tiempo posible a ALUD. Cómo un pelotón bien organizado, todos los miembros de la organización fueron a sus posiciones, empezando a realizar sus actividades para poder escapar de aquel lugar.

- Vale, ahora es nuestro turno… ¡vamos! -. Dijo el paladín, antes de empezar a correr.

Gilda y Blank salieron detrás de él, así cómo el grupo de Sakima iban también junto a ellos. Cruzaron una puerta que los condujo a una serie de pasillos rectos y un par de tramos de escaleras hasta que finalmente se encontraban de nuevo en una zona lateral del exterior.
Ahora su único objetivo era acercarse hasta la plaza que estaba unos cuantos metros más adelante para esperar allí al enemigo. Daedalus se colocó el casco de nuevo en la cabeza mientras empezaba a andar hacia allí junto a Sakima.

- Vosotros, de momento quedaos aquí atrás -. Ordenó a los dos miembros bajo su liderazgo – Mientras estos disfraces puedan darnos una ventaja es mejor que no llaméis la atención. Estad preparados a nuestra orden para venid corriendo a ayudarnos -. Añadió, de forma directa.

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